lunes, 23 de abril de 2018

¡De regalo, una comadreja!

La suerte, el destino o quizá las dos primeras tórtolas europeas de la temporada me llevaron a descubrir uno de los animales más esquivos y bonitos de la Península Ibérica: la comadreja. Fueron las preciosas rulas las que me guiaron hasta el sendero en el que posteriormente vería al mustélido, un camino de tierra más o menos acondicionado que atraviesa el bosque, que a modo de cinturón verde, rodea las marismas del estuario del Miño. 

Dos ejemplares cuyo monótono arrullo me hablaba del fin de las lluvias, del establecimiento definitivo de esta tardía primavera... Me adentré en la senda con la intención de documentar su retorno, todo un acontecimiento teniendo en cuenta el dramático declive que ha experimentado esta especie en nuestro país. De regreso, cuando me giraba por última vez antes de incorporarme a la carretera principal, pude observar de reojo como algo pequeño y rojizo cruzaba a toda velocidad la pista justo detrás de mi.

En un primer momento creí que se trataba de un lagarto. Pero había algo que no me encajaba. Era esa forma de moverse, esa increíble rapidez... Sorprendido por la fugaz visión, me acerqué a la cuneta en la que se había parapetado. Intenté localizarlo sin éxito. Las altas hierbas guardaban con celo el misterio.

Con la esperanza de que volviera a salir, decidí esperar un poco más. Varios minutos después, un cuerpo ancho y redondeado reaparecía de nuevo entre la vegetación, tan brevemente que no tuve tiempo de identificarlo. Sólo me había quedado clara una cosa: aquello no era un reptil.

Comadreja (Mustela nivalis) en el estuario del Miño. // El Naturalista Cojo

Fuera lo que fuese, era evidente que me vigilaba desde su seguro refugio. Sólo cuando lograba reunir el valor suficiente, se asomaba tímidamente para ver lo que ocurría. Fue entonces cuando me de cuenta de que me encontraba ante una bellísima comadreja... Confieso que casi me da un vuelco al corazón. La donicela o doniña, como también se le conoce en Galicia, es una pieza codiciada para cualquier amante de la naturaleza.

Quería fotografiarla. No sería nada fácil, pues se trata de una criatura extremadamente nerviosa. Rápida como el rayo. Se había vuelto a ocultar, pero sabía que surgiría otra vez. Me situé a unos cuatro metros de ella, distancia que consideraba suficiente para no asustarla. Parecía querer cruzar al otro lado. Dudaba... De pronto, se atrevió a dar el paso, ocasión que no desaproveché para apretar el disparador de mi P900. Pero el animal se movió en el último segundo y fallé.

Me temblaba el pulso. Quizá se habían agotado mis posibilidades... Afortunadamente no fue así. Ahora iba a seguir todos sus movimientos a través del visor de la cámara. Mi concentración era máxima. Avanzó varios centímetros hasta alcanzar la franja de tierra, me miró varias veces y lancé un certero disparo. ¡La tenía!

Difícilmente podría haber imaginado un regalo mejor en el Día Internacional de la Madre Tierra. Una jornada que nos recuerda, según Naciones Unidas, "la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos". Tenemos la obligación de protegerla. 

martes, 17 de abril de 2018

La hora de los raposos

Hacía poco más de un mes que me había propuesto arrancarle secretos a la luna. Sumergirme en el mundo de las tinieblas y profundizar en el conocimiento de los animales nocturnos. Existe un buen número de especies, sobretodo entre los mamíferos, que desarrolla la mayor parte de su actividad en plena noche: ginetas, garduñas, jabalíes, tejones, nutrias... Criaturas muchas de ellas que se han visto obligadas a modificar sus costumbres para evitar entrar en contacto con el hombre, su peor enemigo.

Cuando salgo al campo lo hago a "pajarear", a observar aves, más habituadas a la presencia humana. Sé muy bien que toparse con alguno de los animales citados anteriormente es prácticamente imposible. Por esta razón, a principios de año estrené mi cámara de fototrampeo, una VICTSING, dispositivo dotado de sensores capaces incluso de detectar el paso de un ratoncillo.

Lo que nunca hubiera imaginado es que iba a ser bajo el tibio sol invernal cuando lograría captar las mejores imágenes de un carnívoro que rara vez se deja ver durante el día: el raposo.

El zorro más grande se aproximó a 50 metros de mi. // El Naturalista Cojo

Esta historia comienza la tarde del 22 de febrero, cuando recibí un mensaje de esos que aceleran las pulsaciones. Al otro lado del teléfono, un emocionado César amigo personal y artífice de algunos de los mejores descubrimientos para El Naturalista Cojo relataba el hallazgo de dos zorros en Morraceira das Varandas, una de las islas que dan forma y personalidad al estuario del Miño. Eran pequeños, "al menos uno de ellos", aseguraba, al tiempo que lamentaba no llevar la cámara encima en aquel momento. Le habían sorprendido después de comer, a eso de las 15:00 pm., y me animaba a regresar al día siguiente a por ellos...

Consideraba poco probable que volvieran a salir, así que decidí no ir... Craso error. No sólo no salieron, si no que lo hicieron en el mismo sitio y prácticamente a la misma hora. El chivatazo una vez más fue cosa de César. En esta ocasión pudo verlos momentos antes de desaparecer en el bosquete que les servía de refugio.

Había perdido una nueva oportunidad de observarlos. O eso creía... Cogí mis cosas lo mas rápido que pude y me fui directamente al estuario. Poco antes de las 16:00 h. de la tarde escudriñaba ya la zona en busca de nuestros protagonistas. Barría la isla de un lado a otro con mis prismáticos con la esperanza de localizarlos. Esperanza que se desvanecía con el paso de los minutos...

De pronto, en el transcurso de la incansable batida, enfoqué al primero de ellos, el más grande. El impacto de aquella visión inicial fue indescriptible... Caminaba tranquilo, completamente ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Podía verme, podía escucharme, sin embargo no mostró el menor atisbo de miedo o desconfianza.

Uno de los zorros en Morraceira das Varandas. // El Naturalista Cojo

Acosado por varias cornejas, que denunciaban su presencia gritando y dando pasadas sobre su cabeza, se iba acortando poco a poco la distancia que me separaba del cánido. Ochenta, setenta, sesenta metros... Cada vez más cerca. Así hasta situarse justo delante de mi, al otro lado del río. Mi corazón latía apresuradamente. Tan deprisa, que tuve que tratar de relajarme para inmortalizarlo todo en fotos y vídeos. Las imágenes hablan por si solas. Los ojos de aquel animal salvaje, que detuvo su marcha en varias ocasiones para mantener contacto visual conmigo, me llegaron directamente al alma...

Pero la cosa no acaba aquí. Me preguntaba donde estaría el otro raposo. Lo imaginaba oculto entre la vegetación... No tardé en obtener respuesta. Pasadas las 18:00 h. de aquella ajetreada tarde, un precioso peluche anaranjado hizo acto de presencia. Era el menor de la pareja. El más bonito, el más tierno, de formas redondeadas y denso pelaje invernal. Parecía joven, pero no me atrevería a precisar su edad.

Avanzaba despacio, aparentemente tranquilo, más preocupado por olisquear cada palmo del terreno que pisaba. Pero yo no era el único que seguía sus movimientos... Delante de mi, dos ancianos contemplaban atónitos la escena. "Seghuro que alghén os botou" ("seguro que alguien los echó") comentaban entre ellos sin quitar ojo al animal, que no se inmutó lo más mínimo. Por desgracia, esta es una creencia que todavía se mantiene en los pueblos, donde los conceptos "depredador" y "alimaña" tienen idéntico significado... Apenas aguantó unos minutos antes de retirarse, lejos de miradas curiosas...


Sábado 24. Volvía a la carga, pero esta vez acompañado por César, sin el cual esta aventura no tendría ningún sentido. Con suerte compartiríamos juntos una apasionante jornada de campo. Habíamos quedado sobre las 15:00 h., oficialmente ya "la hora de los raposos", pero nuestros peludos amigos parecían haber olvidado la cita. Se retrasaban más de lo habitual. Hablábamos en voz baja, casi susurrando para no asustarlos, pero no hay ruido que escape al finísimo oído de maese zorro. Inesperadamente, algo que se movía llamó mi atención... ¡Mira, mira, mira!, reaccioné inmediatamente con expresión contenida. A simple vista reconocimos a uno de ellos, el más pequeño. Estaba a lo suyo. Orinaba, mordisqueaba, venteaba el aire con su largo hocico... Una breve visita que a nosotros nos llenó de alegría. 

Quise probar fortuna también el domingo. Sin embargo, tenía el presentimiento de que no acudirían... No me equivocaba. Hice una nueva espera que resultó infructuosa. La posterior crecida del río, una de las más impresionantes que se recuerdan, puso el punto y final a mis "encuentros con lo libre". Los raposos se vieron obligados a abandonar su morada antes de que el agua anegara por completo las islas. Como si la naturaleza quisiera hacer borrón y cuenta nueva. La corriente arrastró y se llevó muchas cosas. Pero el recuerdo de lo vivido aquellos días permanecerá para siempre conmigo.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Así aulló Madrid por el lobo...

"Por qué aúllan los lobos, se pregunta la gente. En primer lugar, para comunicarse unos con otros. En segundo lugar, para marcar sus territorios. En tercer lugar quizá, para expresar la profundísima tristeza del corazón de una especie que dominó en medio mundo y que está ya al borde de la extinción". [...]

El pasado domingo se escucharon otros aullidos en Madrid... Aullidos que expresaban también tristeza, preocupación. Los de los miles de asistentes a la 3ª gran Manifestación en Defensa del Lobo Ibérico, convocada por Lobo Marley y respaldada por más de 140 entidades ecologistas, políticas y ganaderas. La voz profunda y penetrante de Félix Rodríguez de la Fuente, cuando se cumplen 90 años de su nacimiento, volvía a materializarse en una marcha multitudinaria por las calles de la capital de España.

Ni los más de mil kilómetros por carretera, ni viajar toda la noche y casi sin dormir para llegar puntuales a la cita; nada frenó el impulso que nos empujaba a mi amigo Miguel Lourido y a mi a acudir a la llamada. Como las manadas de lobos, las sociedades humanas se hacen fuertes cuando permanecen unidas, perfectamente cohesionadas por un objetivo común. El del 18-M no era otro que frenar la caza del lobo y pedir su protección estricta en todo el territorio nacional... No podíamos faltar.

Cabecera de la manifestación en defensa del lobo.//El Naturalista Cojo

Con la marcha ya iniciada, conseguimos aparcar a las 12 en punto en la estación de Atocha. Varias minutos después, logramos alcanzarla y situarnos al frente de la pancarta principal, "en primera fila", posición que no abandonaríamos hasta la llegada a Sol.

Fue una jornada de reencuentros, de besos y abrazos con viejos compañeros de lucha: Joaquín, David, Jose Carlos, Chema, Patri, Jorge, Rubén, Paula, Álvaro, Pedro o Adrián, entre otros. Pero también de encuentros con los nuevos: Nerea, Maria, Roberto... Hubo grandes ausencias, pero de alguna manera estaban también presentes.

Avanzábamos despacio, "a trote lobero", como decía Luís Miguel Domínguez, presidente de Lobo Marley y cabeza visible de un movimiento imparable. El de una ciudadanía cada vez más sensibilizada y volcada en la conservación de nuestra naturaleza. Defender al lobo es defender la biodiversidad en su conjunto. El lobo es el malo de un cuento inventado por intereses económicos. Y estábamos allí para reescribirlo...

La expectación era enorme. Cámaras de televisión y micrófonos de prensa se mezclaban entre el gentío. Las fotos, los vídeos y las transmisiones en directo inundaban las redes sociales. Muchos ejercían de improvisados reporteros. Yo mismo, con la imprescindible ayuda de Miguel, trataba de documentarlo todo para vosotros. Mientras él empujaba la silla de ruedas, yo podía tener las manos libres para grabar cómodamente la cabecera de la protesta... ¡Trabajo en equipo!

La madrileña Puerta del Sol abarrotada. //WWF Zaragoza

Una imagen que resulta habitual en esta fiesta del lobo es la presencia de numerosos perros de diferentes razas: galgos, huskys, labradores... Una auténtica pasarela canina. Entre todos ellos, destacaban los bellísimos perros lobo checoslovaco, que no parecían entender el significado de esos aullidos colectivos lanzados por sus dueños.

Pero la escena más emotiva se vivió con la llegada de los manifestantes a la Puerta del Sol... Ver y escuchar a miles de personas abarrotando la emblemática plaza al grito de "lobo vivo, lobo protegido", mientras de fondo suena el coro de voces que pone banda sonora a los capítulos de 'El Hombre y la Tierra' dedicados a lobo ibérico, creedme si os digo que pone la carne de gallina. El espíritu del Maestro Félix, al son de otro maestro, el compositor Antón García Abril sobrevolaba la plaza en aquel momento, no me cabe ninguna duda...

Una vez más, nos colocamos en un lugar privilegiado, justo delante del palco desde el cual se leyeron los manifiestos. Se adelantaron las pancartas más grandes, entre ellas la de los ganaderos que defienden la coexistencia con el gran carnívoro. Increíble lección la de estos hombres, verdaderos amantes de su trabajo y el paisaje que les sustenta. Desde Asturias "Tierra de Llobos" se reclamaba un "Llobu vivu, llibre y protexiu". A mi izquierda, otro gran cartel rezaba "La tortura no es Cultura"... Un clamor en favor de este icono de la fauna ibérica.

Concentración en la Puerta del Sol, Madrid. //El Naturalista Cojo

Hace pocos días, el informe sobre el estado de conservación del lobo en España arrojaba datos preocupantes. Dicho documento estimaba en unos 600 los lobos muertos durante el año 2017 por causas no naturales como la caza furtiva, los envenenamientos, el uso ilegal de cepos y lazos o atropellos en las carreteras de todo el estado. Cifras inasumibles que comprometen la viabilidad de la especie. Sin censo oficial conocido y una gestión basado en matanzas indiscriminadas, el futuro del lobo ibérico en España se presenta complicado. Por eso hemos salido a la calle. Y por eso saldremos las veces que sea necesario... ¡Por el lobo, por el mundo rural!

jueves, 1 de marzo de 2018

Extraordinaria concentración de chorlito dorado ("Pluvialis apricaria") en el estuario del Miño

Ayer se anunciaba la llegada de la borrasca Emma a Galicia, con rachas de viento de hasta 100 km por hora y generosas precipitaciones. Un contratiempo para muchas especies de aves, que tras soportar los fríos en sus áreas de invernada, inician ahora el viaje hacia el norte, hacia sus cuarteles de cría.

Quizá por esta razón, un nutrido bando de chorlitos dorados (Pluvialis apricaria) se vio obligado a realizar un "aterrizaje de emergencia" sobre el verde y despejado manto del campo de fútbol de A Canosa, en O Rosal.

Pasadas las 17:00 h. de la tarde, pude observar un ya de por si numeroso grupo de 60 píldoras douradas, al que decidieron unirse tres gaviotas reidoras y dos preciosas avefrías, cada vez más escasas en el estuario del Miño... Tres cuartos de hora después, un nuevo contingente de 40 chorlitos tomaba tierra sobre la hierba de A Canosa. En ese momento, el terreno de juego se había convertido en una suerte de santuario ornitológico. ¡Más de 100 ejemplares se congregaron allí para alimentarse y descansar!

Chorlito dorado atrapando una lombriz de tierra. //El Naturalista Cojo

Bajo la atenta mirada de las reidoras, los dorados peinaban cada centímetro cuadrado en busca de lombrices. No desaprovechaban las gaviotas la ocasión de abalanzarse sobre las pobres limícolas, que no tenían nada que hacer frente al mayor tamaño y agresividad de sus vecinas. Las disputas se sucedían también entre los propios chorlitos, que desplegaban un característico display intimidatorio ―ahuecando las plumas y cargando con cuello y pico estirados― con la intención de robar alguna lombriz.

Sobre sus cabezas, el blanco elanio azul realizó varias y fugaces pasadas, provocando la estampida general.  Agudos reclamos de alerta y reflejos de oro tomaron entonces los cielos... ¡Un espectáculo increíble! No tenía la rapaz objetivo de irrumpir en la bandada, pues su dieta se basa fundamentalmente en reptiles y pequeños mamíferos.

Pasado el peligro, las aves regresaban... No tenían tiempo que perder. Debían hacer acopio de energía y recuperar fuerzas antes de continuar su migración, cuando las condiciones meteorológicas lo permitan.

No es habitual la presencia en el Baixo Miño del chorlito dorado. Aparece sobre todo en los pasos, siempre en escaso número. Mucho más abundante, el chorlito gris, cercano pariente, visita regularmente nuestras playas y marismas, donde puede ser visto en compañía de zarapitos, chorlitejos y correlimos.

Chorlitos dorados en el campo de fútbol de A Canosa. //El Naturalista Cojo

Los chorlitos dorados lucen un preciso plumaje "bañado en oro".
//El Naturalista Cojo

martes, 27 de febrero de 2018

A=A, el pato transfronterizo

¿Os acordáis de "A=A", el pato colorado marcado en las Dunas de Sâo Jacinto, en Aveiro, y al que ya dedicamos una entrada completa en El Naturalista Cojo? ¿No? Recapitulemos:

El 6 de noviembre de 2016 Rafa Salvadores observaba en el estuario del Miño una hembra de pato colorado (Netta rufina) con placa nasal. En aquella ocasión no fue capaz de leer el código de la placa. Cuatro días más tarde, el 10 de noviembre yo mismo tuve la ocasión de verla en las marismas de Salcidos, realizando varias fotografías y vídeos que hicieron posible la identificación de la anátida.

Por mediación de Antonio Gutierrez pudimos conocer el historial vital de A=A, una hembra anillada como joven el 01/12/15 en la Reserva Natural das Dunas de Sâo Jacinto (Portugal) por el ornitólogo luso David Rodrígues. Allí permaneció hasta el 04/02/2016, fecha en la que se le pierde la pista. Nueve meses y 200 km. después, como hemos visto, recalaba en tierras gallegas.

Citas posteriores fueron el 15/11/2016 en O Rosal (Juan Pita), el 01/12/2016 (Manu Sobrino) y, por último, el 16/02/2017 (Manu Sobrino), todas ellas en el estuario del río Miño.

Pero el pasado viernes 16 de febrero, hace apenas semana y media, saltaba la sorpresa. El francés Hubert du Plessix aseguraba haber visto "claramente" a la hembra a orillas del lago Lemán, en Ginebra, el mayor lago de europa occidental con 72 km. de largo y 12 de ancho a caballo entre Francia y Suiza. ¡Parece que a nuestra amiga le gustan las fronteras!

Un largo e inesperado viaje que nos ha sorprendido a todos. Me alegra volver a tener noticias suyas. Le deseo todo lo mejor en su nuevo hogar.   

El último gran viaje de A=A. //El Naturalista Cojo

lunes, 19 de febrero de 2018

Comercio de pico picapinos en una feria de Portugal

El pasado fin de semana conocía la existencia de una pareja de pico picapinos enjaulados en la Feira Semanal de Vila Nova de Cerveira, norte de Portugal.

La Directiva Aves tiene por objeto proteger y conservar a todas las especies de aves en el territorio de la Unión Europea. Desde España a Finlandia, desde Alemania a Turquía, queda terminantemente prohibida su captura y compraventa.

Esto es algo que no parecían entender dos agentes de la Guardia Nacional Republicana (GNR) cuando, tras casi media hora buscando el puesto en el que se encontraban los animales, les puse al tanto de la situación.

Los dos guardias se miraron extrañados el uno al otro, con cara de circunstancias, ante mis preguntas. Su expresión de duda hablaba por si sola. No tenían ni idea de lo que era un Pica-pau-malhado-grande, nombre que recibe este Pícido en el país luso. Tuve que repetírselo un par de veces, añadiendo que el comercio de aves silvestres no estaba permitido al otro lado de "A Raia". No pude evitar sonreír mientras les explicaba... ¿Cómo es posible que no supieran nada?

Me comentaron que si estaban allí era porque podían estar; que se realizan numerosas inspecciones para evitar este tipo de casos, tanto sobre los animales como sobre el resto de productos expuestos en el mercadillo, uno de los mayores de la región norte. Razón de más para efectuar controles eficaces.

No quise insistir. No iba a conseguir absolutamente nada. Pocos minutos después, les di las gracias y nos despedimos.

Los picapinos en su jaula. //El Naturalista Cojo

Lo único que podía hacer era observar a los pobres pájaros a través de los barrotes de su pequeña jaula, cuyo único elemento familiar para ellos era una gran rama que uno de los carpinteros, el más nervioso, no dejaba de picotear. Era la hembra. Me producía enorme tristeza comprobar como con cada movimiento en el interior de su prisión de metal, seguramente intentando hallar una vía de escape, su plumaje se deterioraba más y más... El macho, aparentemente más tranquilo, apenas se movía. Podía compartir su sufrimiento... Los comentarios de la gente, incluidas familias con niños, acabaron por desmoralizarme.

750 Euros. 375 cada uno. Ese era su precio. El precio de unas criaturas nacidas para ser libres. ¿Dónde está la belleza de un ave condenada al cautiverio? Jamás lo entenderé...

La legislación portuguesa establece ciertas excepciones cuando se trata de especies cinegéticas o criadas en cautividad. No parece ser el caso del Dendrocopos major... Y aunque lo fuera, el propietario deberá acreditar su origen presentando los permisos oportunos. De lo contrario, podría incurrir en un supuesto delito contra la fauna.

Varios compañeros en Galicia hemos denunciado estos hechos. Esperemos que se investiguen. Os mantendremos informados.

**Según datos del Serviço de Proteção da Natureza e do Ambiente (SEPNA), alrededor de 130.000 aves silvestres son capturadas ilegalmente cada año en Portugal. La captura de aves silvestres es un crimen castigado por ley. ¡Denuncia cualquier situación ilegal! Linha SOS Ambiente e Territorio 808 200 520 (Todas las denuncias son anónimas)

lunes, 5 de febrero de 2018

Caza del zorro en Forcarei: una visión personal

Forcarei se convirtió el pasado fin de semana en la capital de la muerte y la vergüenza más absoluta. De nada sirvieron una movilización sin precedentes en este tipo de eventos, las reiteradas peticiones de paralización, ni el traslado de la indignación ciudadana a las más altas instituciones políticas. Una vez más, todas las miradas estaban puestas en Galicia.

Tal y como estaba previsto, un nutrido grupo de defensores de los animales, entre los que me contaba, madrugamos con la intención de boicotear la celebración de la IX Copa de España de Caza del Zorro, prevista para el día 3 en algún punto no revelado entre los Ayuntamientos de Cerdedo-Cotobade, Campo Lameiro, A Estrada y Forcarei. Finalmente, fue este último el elegido por los organizadores para acoger la prueba cinegética.

Eran las 4:00 h. de la madrugada del sábado cuando decidí ponerme en marcha. Casi sin dormir, yo y mis compañeros nos echamos a la carretera en mitad de la noche con una clara misión: seguir a los cazadores hasta el lugar donde se llevaría a cabo la gran matanza. No fue tarea fácil... Era como buscar una aguja en un pajar. Tendríamos que confiar en la suerte para cruzarnos en el camino con algún todoterreno o cualquier otro coche con remolque para perros de caza.

A las 7:15 h. de la mañana, recibo una llamada. Al otro lado del teléfono mi compañero y amigo Miguel Lourido me comunica que varios vehículos fueron vistos circulando en dirección noroeste, hacia Forcarei. Sin perder un segundo, fuimos tras ellos...

Cazador seguido a poca distancia por uno de los activistas. //Agencia ATLAS

Diez minutos antes de entrar en el pueblo, a las 8:00 h, me vi sorprendido por un importante despliegue policial. A ambos lados de la calzada, varias patrullas de la guardia civil, acompañadas de cazadores y sus perros, charlaban animadamente en torno a un bar de la zona. Desde el primer momento me llamó poderosamente la atención la buena camaradería que había entre agentes de policía y cazadores. Resultaba cuanto menos sintomático... Sin darle mayor importancia, después de echar un vistazo, continué avanzando.

A las 8:30 h. pude reunirme por fin con mis compañeros. Un total de entre 30 y 40 activistas, aproximadamente. Personas a título individual ―como en mi caso― y representantes de diversos colectivos de defensa de los animales (no sólo de PACMA, como nos han querido vender desde la inmensa mayoría de los medios de comunicación). Un puñado de personas frente a más de 200 cazadores repartidos en una veintena de cuadrillas. Las escopetas y la ley que las ampara contra los petardos, las vocinas y los silbatos. Una batalla desigual... Yo mismo pude ver alguna de las "armas" que portaban mis amigos en los instantes previos a la batida. No pude evitar esbozar una sonrisa al ver a uno de ellos ataviado con una pandereta...

Había una calma tensa, un silencio extraño, sólo roto por los ladridos de las rehalas de beagles, grifones y sabuesos. Eran momentos de preparativos, de las últimas instrucciones en ambos bandos antes de echarse al monte. Los periodistas, mientras tanto, documentaban todo lo que iba ocurriendo. Minutos después. sobre las nueve menos cuarto de la mañana, las calles se quedaron desiertas. Las cuadrillas se dispersaron, y los activistas tras ellos...

Ante la imposibilidad de acompañarles, yo me quedé esperando su regreso dentro de mi coche. Caía una lluvia fina pero persistente. La visibilidad no era buena. Me preguntaba hasta que punto esta circunstancia reduciría el éxito de la caza. Es más... ¿Estaría permitido cazar en esas condiciones?

Bolsas opacas ocultaban los cadáveres de los zorros. //ROBER AMADO

Pero mi cabeza estaba puesta en ellos... En los pobres zorros que en ese mismo instante estaban siendo asesinados. En los raposos que iban a morir o en los que huían aterrorizados del ruido y los perros. No podía dejar de pensar en las horribles escenas que se estaban viviendo a pocos kilómetros de donde me encontraba.

Tratando de evadirme de todo aquello, me entretuve observando y fotografiando la increíble variedad de pajarillos que correteaban entre los viejos robles de las calle principal: trepador azul, carbonero garrapinos, carbonero común, herrerillo capuchino, herrerillo común, agateador, arrendajo, petirrojo, mirlo... Sin duda imágenes mucho más amables que las que todos hemos visto en los últimos días en Dozón y Forcarei.

A pocos metros de allí, la policía parecía estar tomando posiciones en previsión de lo pudiera suceder a la vuelta de cazadores y animalistas... Varios agentes pasaron cerca de mi. Bajé la ventanilla del coche y les pregunté si sabían donde tendría lugar la entrega de premios a los participantes. Uno de ellos me respondió literalmente, "non teño nin idea"... Sabía que no era así, que me estaba mintiendo. Que estaban jugando al despiste conmigo. Quiero pensar que tendrían órdenes de hacerlo para evitar confrontaciones y garantizar la seguridad de todos. Pero es evidente que no decía la verdad.

12:15 del mediodía. Los primeros coches empiezan a llegar. El primero en hacerlo es precisamente Miguel Lourido con dos compañeros más. Sonrientes, saludan y me cuentan sus impresiones. Están agotados pero contentos. La cuadrilla que seguían no ha conseguido abatir ningún zorro. No ha sido la única... Otro grupo me cuenta que varios equipos se han ido con las manos vacías ante el acoso pacífico de los voluntarios. Me tranquiliza escucharlo. Quizá no hayan logrado matar ni un sólo raposo en toda la jornada... Una jornada que se han desarrollado sin incidentes, e incluso entre bromas y vaciles sanos entre unos y otros, como me enseña otro de los jóvenes activistas a través de vídeos grabados con su propio teléfono móvil durante la acción de boicot.

Defensores de los animales protestan ante la prueba. //CRIS. M. V.

Pero era el momento de enfrentarse a la realidad más cruda. Se nos echaba el tiempo encima. Eran las 14:30 h, así que decidimos bajar al pabellón en el que iban a ser exhibidos los cadáveres de los animales y entregados los premios a sus verdugos. Un amplio dispositivo policial custodiaba la entrada al recinto deportivo ―restringida para nosotros, por cierto― mientras otros contenían a los primeros animalistas que se habían acercado a protestar. Nada más llegar, pudimos ver a cierta distancia como los cazadores iban metiendo bolsas negras con los cadáveres de los zorros en el interior del pabellón. Imagen que, evidentemente, querían ocultar a toda costa.

Miguel y yo pasamos entre la multitud agolpada en aquella zona. Nos sentimos observados con desprecio, como por encima del hombro, entre risas y comentarios seguramente no muy cariñosos. Una sensación que nos acompañó desde el mismo instante en que pisamos Forcarei. Aquí no somos bienvenidos... A pesar de todo, llegamos hasta donde estaban situados nuestros compañeros, detrás de una cinta de balizamiento y separados un centenar de metros del puesto de control. Juntos tratamos de mostrar nuestra más enérgica repulsa hacia un campeonato que no tiene nada de limpio y deportivo.

Una masacre disfrazada de control de población y pagada con dinero público... Lo cierto es que no hay ni un sólo estudio científico que avale y justifique esta locura. No lo necesitamos... No hay que ser muy listo para darse cuenta de que lo único que mueve a los impulsores de estos campeonatos de caza es el placer de matar. Cuantos más zorros, mejor. Al fin y al cabo, en eso consiste un campeonato, ¿no? Todos quieren la copa manchada con la sangre de animales inocentes...