miércoles, 29 de marzo de 2017

El Naturalista Cojo cumple su primer aniversario firmando una gran actuación en los Premios 20Blogs

A falta de conocer la decisión definitiva por parte del jurado del concurso, los resultados no podían ser más positivos. El Naturalista Cojo ha logrado cosechar un meritorio 6º puesto en la XI Edición de los prestigiosos Premios 20Blogs que organiza anualmente el diario 20 minutos.

Un total de 128 bitácoras concurrían en la categoría 'Solidario', a la que hemos presentado nuestro blog. Nuestra apuesta por la integración a través del conocimiento y disfrute del medio natural ha convencido a los votantes de 20minutos.es. (ver aquí)

Mucho más competida estaba la categoría 'Redes sociales y videoblogs', en la que decidimos inscribir nuestra página de Facebook. ¡Nada más y nada menos que 2762 participantes! Aquí también hemos hecho un buen papel, alcanzando con 6 votos el puesto nº55, el mismo que sitios tan importantes y reconocidos como Naturaleza Cantábrica, mejor blog de medio ambiente del año 2013. (ver aquí)

Así, El Naturalista Cojo entra por la puerta grande en el top ten del ranking clasificatorio tras la que es su primera participación en estos premios. El próximo viernes 7 de abril se darán a conocer los finalistas en cada una de las categorías. ¡Crucemos los dedos!

Clasificación categoría 'Solidario'. //Captura de pantalla 20minutos.es

Para nosotros ya es una victoria haber llegado hasta aquí. Hoy se cierra un año increíble. Un año en el que hemos querido acercar la naturaleza del Baixo Miño a través de un punto de vista diferente y muchas veces ignorado: el de las personas con discapacidad física, psiquica y sensorial.

Solo nos queda agradecer a todas aquellas personas que a título individual o colectivo nos han hecho crecer y madurar, confiando en nosotros para la realización de diversas actividades de educación y sensibilización ambiental y social, entre otros:

a Luis Herminio Amigo Estrada, coordinador del Aula da Natureza do río Miño, por haber sido el primero en creer en nosotros; a Edgar Melchor Fernández y Carla Delgado, periodistas redactores en Faro de Vigo y La Voz de Galicia edición Ourense  respectivamente, por dar "voz" a nuestras ideas e inquietudes; a Marcos Rodríguez Pantoja, "el niño salvaje de Sierra Morena", con quien hemos tenido la oportunidad de compartir una jornada inolvidable, por demostrar que no hace falta saber leer o escribir para saber transmitir; a Nuria, de Asociación Forestal e de Educación Ambiental 'A Jalleira', por contar con nosotros en la organización de la "Foto ruta polo esteiro do Miño"; a Olga Rodríguez Vicente y Jorge Pazos Giraldez, profesores del CEIP As Solanas de A Guarda, por esas preciosas "Saídas Ecolóxicas pola Discapacidade e a Saúde Mental" con los niños de educación primaria, ¡tres días de aprendizaje y emociones en contacto directo con la naturaleza!; a Laura de Avelaiña Saúde Mental, por desterrar mitos y prejuicios sobre las enfermedades mentales: a Dany, por creer en un futuro mejor; al CEIP Cruz Budiño de O Porriño; a Julio Valeiras de Valora-Natura, por poner todo su tiempo y empeño en devolver a la vida a las maltratadas Gándaras de Budiño; a Agustín Ferreira Lorenzo en representación de todos los amigos de ANABAM Asociación, siempre dispuestos a colaborar en lo que haga falta; a Ruben Blanco Martínez en representación de los amigos de Colectivo Matogueira, por haberme invitado a las "II Xornadas Ambientais da Comunidade de Montes de Coruxo"; a Juan Ramón Martínez Barbosa, Director de Noticias O Rosal y a Luis Paz, Administrador de Faunicas.net, por darnos a conocer a través de sus respectivas páginas web, a las que por cierto, recomendamos que visitéis; a Ruben Moreno, por el fantástico logo que nos ha hecho y del que nos sentimos tan orgullosos; a nuestros colegas BIRDERS, sin los que tantas y tantas citas de aves no hubieran sido registradas y documentadas; a César Blanco Arias y Ángela Saa Martínez, grandes amigos, por todo el apoyo y la ayuda que nos han prestado en todo momento; a Alberto Rivero Saeta, por guiarnos en esta nueva nueva aventura en la que nos hemos implicado con ilusión y con pasión...

y por supuesto, a todos los amigos que nos leéis y nos seguís a través de Facebook, Twitter y Youtube. ¡Sin vosotros no habría sido posible! Pero esto no ha hecho más que empezar... 1¡Nos acompañas?















lunes, 27 de marzo de 2017

La singladura de la delawarensis

"Si Colón no hubiera descubierto América la habrían descubierto los ornitólogos al observar las rarezas que de allí provienen".
Estas frase, bonita por acertada, una frase que me recordaba hace tan solo unos días mi buen amigo Alberto Rivero, podría ser un buen punto de partida para el relato que os quiero contar...

Ha pasado mucho tiempo desde que llegara a mis oídos la historia de una gaviota de Delaware de extraño comportamiento. Unos dos o tres años, aproximadamente.

Llegada desde las lejanas tierras de Canadá o Estados Unidos, quien sabe, esta preciosa embajadora del Nuevo Mundo ha atraído la atención de ornitólogos de todo el país.

Fue Manuel Xestoso, pajarero vigués, el primero en darme referencias del famoso Lárido del Miñor. Cumplía su primer invierno de vida. Es ahí, en la Zona de Especial Conservación (ZEC) A Ramallosa, donde ha decidido instalarse hasta el día de hoy.

Su aspecto ha cambiado mucho desde entonces. Como ocurre en todas las especies de gaviota, su plumaje ha sufrido notables variaciones anuales hasta completar la librea de adulto que luce actualmente.

Gaviota de Delaware en la playa de A Ladeira (Baiona). //Manu Sobrino

Pero fue otro ornitólogo y naturalista, el también vigués Adolfo Lomeña, el primero en percatarse de la presencia de este atípico animal. Concretamente, el 22 de noviembre de 2014. En otras palabras: nuestra protagonista lleva afincada en Baiona más de dos años ininterrumpidamente. Y no parece que tenga intención de marcharse.

El hecho de tenerla tan fácil, tan "a tiro" a sólo 30 kilómetros de casa demoró más de lo que cabría esperar una visita a esta localidad para conocer al ave del que todos mis colegas hablaban.

Animado por varios compañeros, el pasado fin de semana decidí ir a su encuentro. Tenía información precisa acerca de su localización; de aquellos lugares por los que mostraba especial querencia.

Sabía a lo que me enfrentaba. Era un día soleado, primaveral... y era domingo. Con todo lo que ello conlleva: cientos de familias con niños dando voces, perros sueltos, cochecitos turísticos invadiendo las playas... Todo ello en un espacio "protegido" de apenas 90 ha. que soporta una presión humana desmedida. ¿Aguantaría tantas molestias?

Me recorrí media playa de A Ladeira sistema dunar que protege la zona de marisma del embate del mar  identificando a todas las gaviotas que me salían al paso. Todas patiamarillas. Había muy pocas, por lo que no tardé en alcanzar el extremo sur del arenal. El punto exacto en el que había sido vista la delawarensis en los últimos meses.


Sólo quedaban tres. Un rápido barrido con los prismáticos me permitió reconocerlas. Dos de ellas michahellis, es decir, patiamarillas. Pero aquella era distinta... Destacaba una marcada banda transversal negra que atravesaba el pico de color amarillo. El iris del ojo, precioso, acaramelado, dotaba al animal de una mirada profunda. Por último, su menor tamaño la delataba perfectamente. No había lugar a dudas... ¡La Delaware!

Se pasó la mayor parte del tiempo alimentándose en solitario, evitando en todo momento la cercanía de las demás gaviotas. Realizaba vuelos muy cortos. En varias ocasiones lanzó su agudo y lastimero reclamo, muy diferente al grave y potente grito de sus parientes más grandes. (escuchar aquí) Acompañaba sus finas notas con graciosas contorsiones de cabeza y cuello. Reivindicaba la propiedad de su territorio, esperando tal vez la respuesta de una hembra con la que aparearse...

No pude evitar sentir compasión por él. Su necesidad de afecto, de compañía, de amor, jamás será cubierta aquí. Estaba sólo, apartado de los suyos por un vasto charco que nunca debió cruzar.

Su peripecia le ha llevado a conquistar un viejo y desconocido mundo. Cuando regrese, portará bajo sus alas el anuncio de su descubrimiento. Como el famoso almirante Genovés cuando arribó a esta costa a bordo de la carabela 'Pinta'. ¡Le deseamos, pues, buen viaje!

miércoles, 8 de marzo de 2017

Plantando árboles, sembrando futuro...

Ayer fui invitado por Julio Valeiras coordinador en ValoraNatura y miembro de la Sociedad Gallega de Historia Natural a conocer y colaborar en las tareas de restauración de la parcela en la que se encontraba el antiguo Centro de Interpretación da Natureza de As Gándaras de Budiño. Una cita a la que, evidentemente, no quise faltar.

Acogidos al proyecto Voz Natura, un grupo de alumnos de 3º, 5º y 6º de Primaria del CEIP Cruz Budiño, acompañados por personal del Obradoiro de Emprego del concello de O Porriño, llevaron a cabo la plantación de más de un centenar de árboles de especies autóctonas (robles, alcornoques, fresnos, madroños...). Tarea que finalizaron en mucho menos tiempo del que estaba previsto. Yo mismo quise poner mi pequeño grano de arena con la plantación de uno de estos árboles.

La jornada comenzaba pasadas las 10:30 h. de la mañana, con la llegada del autobús que transportaba el frágil y valioso "equipaje": los árboles destinados a ser plantados.

Organizados en grupos por sus profesores, atendiendo a las explicaciones previas de Emilio Agente de Medio Ambiente del Servicio de Protección de la Naturaleza los niños se pusieron rápidamente manos a la obra.

Entretanto, Julio me mostró una serie de fotografías que ilustraban perfectamente la espectacular transformación que había sufrido aquella parcela en apenas 15 años, cuando fue levantado el Centro de Interpretación da Natureza de As Gándaras de Budiño, un edificio inaugurado en 2002 con fondos europeos y que jamás se llegó a utilizar. En años sucesivos, el malogrado edificio fue abandonado, desmantelado, demolido y convertido en triste vertedero. El punto de inflexión llegaría en 2016, con el inicio de los trabajos de restauración con la ilusión y el esfuerzo de un puñado de voluntarios coordinados por la Sociedade Galega de Historia Natural - Pontevedra.

Una labor lenta y sumamente compleja que empieza a dar frutos... Los terrenos recuperados vuelven a ser ocupados por gran variedad de anfibios, entre los que destacan los numerosos sapillos pintojos que pudimos ver y estudiar con detenimiento. Solo queda esperar a que el paso del tiempo y la propia naturaleza completen el proceso.

ValoraNatura es un proyecto colaborativo de diferentes organizaciones medioambientales y culturales interesadas en conservar el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) Gándaras de Budiño. Agradecer a Julio por haberme invitado a participar en un día tan especial. Estas son algunas de las fotos de la actividad, de la que se ha hecho eco el diario La Voz de Galicia (Haz clic en las imágenes para ampliar):



















miércoles, 18 de enero de 2017

Día del Águila Pescadora: censo ibérico (14.01.17)

9:00 h. de la mañana. La jornada se presentaba auténticamente gélida. Quizá la más fría en lo que llevamos de este atípico invierno. Las campos y tierras de cultivo ofrecían una estampa que los gallegos parecíamos haber olvidado; un ininterrumpido manto de blanco hielo lo cubría todo. El display de mi coche no dejaba lugar a dudas: estábamos a 0º centígrados de temperatura, y el viento, moderado, no ayudaba a aliviar esa sensación.

Pero no podía faltar a la cita. Se iba a llevar a cabo el censo nacional de águila pescadora, actividad impulsada por Fundación Migres y coordinada en Galicia por la Sociedade Galega de Ornitoloxía. Más de 25 ornitólogos, entre los que me encontraba, cubriríamos 30 humedales repartidos por las cuatro provincias con presencia de la especie: ría de Betanzos, ría de Ortigueira, embalse de Cecebre, y por supuesto, mi estuario, el estuario del Miño, uno de los mejores puntos de observación de toda la comunidad, entre otros...

No iba a ser tarea fácil. La visibilidad era muy escasa. Prácticamente nula. Decidí comenzar la búsqueda desde el sector rosaleiro del estuario, concretamente en San Juan de Tabagón, lugar que ofrece una magnífica panorámica de A Morraceira das Varandas, isla frecuentada habitualmente por las águilas.

Aspecto que presentaba el estuario del Miño a primera hora de la mañana. 

Un mar de bruma fluía lentamente sobre el río. El disco solar aparecía y desaparecía, desdibujado por el velo húmedo de la neblina. Las singulares vocalizaciones de la corneja inundaban el espacio. El coro de las gaviotas, al que poco después se unieron los bulliciosos arrendajos, anunciaba el despuntar de un nuevo día.

Tenía las manos heladas. Trataba sin éxito de entrar en calor. Dediqué los primeros minutos a seguir las evoluciones de los negros cormoranes. El fuerte batir de sus alas producía un audible zumbido que me hacía levantar la vista cada vez que pasaban. Sólo podía esperar... Mientras tanto, mataba el tiempo ojeando mi teléfono móvil.

La luz luchaba por abrirse paso. Los primeros y tímidos rayos se reflejaron sobre la superficie del agua. Los tonos grises se tornaron en verdes y azules. Los contornos irreconocibles de barcos y árboles fueron poco a poco cobrando sentido. La frenética actividad de los peces, especialmente activos por alguna razón que desconocía, me hizo creer que aquellos chapoteos eran cosa de mi amiga la nutria. Pero hoy no era ella la protagonista. O eso pensaba yo...

El sol se imponía, abriendo grandes claros en el cielo. Las garcetas iban tomando posiciones en las mojadas orillas que quedaban al descubierto con la bajamar. Tres graciosas y rechonchas bolitas de algodón se sumergían bajo el agua de manera acompasada. Eran los zampullines chicos, los integrantes más menudos de los de su familia, los Podicipédidos, y unas de mis aves preferidas.

Una curiosa tarabilla se acercó a investigarme. //Manu Sobrino

Tanta y tan biodiversa vida me distraían con enorme facilidad. Cuando me centraba de nuevo en mi objetivo, escudriñaba detenidamente la isla con la esperanza de divisar la silueta de la pescadora. Allí, a lo lejos, la hierática figura del ganado se recortaba entre los juncos. De la rapaz, ni rastro.

Cansado y algo aburrido, cambié de ubicación. Ahora probaría suerte más al sur, en la marisma de Salcidos, en A Guarda. Eran las 10:55 h, y empezaba a impacientarme.

Desde mi nuevo emplazamiento pude contemplar maravillado el espectacular recibimiento de una pareja de aguiluchos laguneros. El vuelo de las tartarañas como se los conoce en Galicia es hipnótico. Acostumbran a planear a baja altura, casi acariciando el carrizal que les sirve de refugio. Difícilmente puede concebirse espectáculo más bello. No lejos de allí, rivalizando con su próximos vecinos, un solitario elanio se cernía cual helicóptero antes de "aterrizar" con sus garras sobre algún reptil o insecto desprevenido.

Los reclamos dulces y aflautados de los zarapitos ponían una nota melancólica. Pero aquel sonido era distinto... Aquel sonido era en realidad un grito. Era la voz de alarma del chorlito gris, el primero en descubrir la sombra amenazante del depredador. Automáticamente, interpretando el lenguaje de la limícola, alcé la mirada. Era ella, la reina de la marisma, el águila pescadora.

El encuentro fue breve. Apenas unos segundos en los que no pude realizar ninguna fotografía. El águila se dirigía directamente hacia O Forno do Duque. Y yo, sin dudarlo, fui tras ella. Pero cuando llegué se había esfumado. Detuve el coche, y esperé... Ya no regresó.

Un cormorán grande trata de engullir una solla. //Manu Sobrino

Todavía humeante, el río semejaba una enorme caldera. El calor levantaba grandes cortinas de vapor de agua que finalmente terminarían por disiparse.

A mis oídos llegaba un extraño y lejano rumor. Un insólito rodeo se desarrollaba ahora sobre A Canosa, la mayor de las islas del estuario del Miño. Varios hombres a caballo, uno de ellos portando un lazo, intentaban una y otra vez acorralar al resto de la desconcertada manada, que huía despavorida. Los improvisados vaqueros gritaban, llevados quizá por la emoción de la persecución.

Como contrapunto a esta escena cargada de dramatismo, una preciosa tarabilla eligió posarse apenas a dos metros de mi, examinándome con tanta curiosidad que no pude evitar esbozar una sonrisa. Otro pajarillo, este mucho más esquivo, emitía su inconfundible y potente canto: el ruiseñor bastardo.

Apurando la recta final del censo, de vuelta en O Rosal, disfruté de las excelentes cualidades para la natación y el buceo de los cormoranes grandes. Solos o en reducidos grupos, varios ejemplares se afanaban en procurarse el alimento. En un momento dado, uno de los individuos atrapó una escurridiza platija. Pero aún no estaba todo hecho. Para engullir a sus presas, los cuervos marinos deben realizar complicadas contorsiones de cabeza y cuello con el fin de facilitar la ingestión de las mismas. Operación delicada que aprovecharán los oportunistas para llevarse comida gratis. Y eso fue exactamente lo que pasó. En un desafortunado despiste del legítimo propietario del pez, la solla saltó por los aires, terminando en el pico del ladrón, que acabó siendo perseguido por la enfurecida víctima del robo.


El cansancio empezaba a hacer mella. Mantuve intacta la esperanza de documentar la importante cita de  águila pescadora hasta el última segundo. Lo que jamás hubiera imaginado, es que sería precisamente en el último segundo cuando tendría la oportunidad de grabar unas imágenes únicas.

Última parada. Otra vez desde A Guarda. Faltaban exactamente tres minutos para las dos de la tarde, cuando vi que algo grande se movía en el extenso arenal que separa A Canosa de la Xunqueira de Salcidos. Inmediatamente enfoqué con mis prismáticos. ¡¡La nutria!! Con toda la tranquilidad del mundo, el mustélido atravesó a trote más de 50 metros de un lado a otro para desaparecer poco después tras unos juncos y dejarme un recuerdo imborrable. No me lo podía creer. El vídeo que pude conseguir ya se ha convertido para mi en un auténtico tesoro que guardaré para siempre.

El estuario del Miño no defraudó. No se fue de vacío. Mi observación pasará a engrosar el censo nacional de esta especie amenazada para contribuir a un mejor conocimiento de su situación actual en nuestro país. Esperamos y deseamos que los resultados sean los mejores posibles!

jueves, 29 de diciembre de 2016

El Naturalista Cojo víctima de una broma telefónica en el Día de los Santos Inocentes

Pues eso... Que uno nunca piensa que le puede pasar algo así. Que estas cosas sólo le pasan a otros... Hasta que un día suena el móvil, y al otro lado está la Policia Local. Ahí ya cambia la cosa. Y claro, caes... ¡Como para no caer! Rompemos la dinámica habitual del blog, dejamos a un lado los zorros, las lechuzas campestres, las espátulas, las nutrias ¿o no?, y damos paso a esa otra fauna esquiva, astuta, carroñera y oportunista que se presenta cuando menos te lo esperas, donde menos te lo esperas. Incluso al otro lado del hilo telefónico... (Pincha en la imagen para escuchar el audio)


PD.: César Blanco Árias, Ángela Saa Martínez ¡esto no va a quedar así!
... y gracias Loreto C. por la ayuda prestada ;)

viernes, 23 de diciembre de 2016

Complejo Intermareal Umia-O Grove

El fin de semana pasado tocó visita a uno de los lugares más propicios del norte de la Península Ibérica para la observación de aves: el Complejo Intermareal Umia-O Grove, espacio declarado recientemente como la primera Reserva Ornitológica de Galicia y la mayor de España por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife).

Con más de 7.000 hectáreas de superficie, este mosaico de playas, dunas, lagunas y marismas está incluido, además, en la Lista de Humedales de Importancia Internacional (sitio RAMSAR) y forma parte de la Red Natura 2000.

Son las 10.15h. de la mañana. Nada más llegar, la sensación de inmensidad es abrumadora. Horizontes amplios de tierra y mar se extienden a ambos lados de la carretera que atraviesa este paraje incomparable. Todo es nuevo para mi. Es la primera vez que vengo a pajarear aquí. De no ser por mi amiga Vanessa, que me acompañó durante toda la jornada e hizo las veces de guía, no sabría por donde empezar. Me dirigí a la conocida playa de A Lanzada, arenal que habíamos escogido como punto de encuentro y de partida de la ruta.

La conocida playa de A Lanzada, de 2,5 km. de longitud. //Manu Sobrino

A Vane y a mi nos unen nuestra pasión por la naturaleza y una forma muy parecida de entender la vida. Ella es una excelente fotógrafa. En su obra, los grandes protagonistas son los odonatos libélulas y caballitos del diablo de los que ha llegado a convertirse en una experta. A menudo disfruto y me empapo con sana envidia de todo lo que sabe. Ahora se ha pasado a la pluma, tratando de identificar cada pájaro que ve. Su curiosidad no tiene fin...

Efectuamos la primera parada en las marismas de O Vao. Al contrario de lo que pensaba, la bajamar sería un inconveniente a la hora de ver e identificar a las aves. Tendríamos que esperar a que subiera la marea. Tan sólo un pequeño grupo de gaviotas que estaba lo suficientemente cerca nos mantuvo entretenidos unos minutos.

A continuación nos dirigimos a la lagoa Bodeira, pequeña laguna de agua dulce a la que se accede a través de una pista no precisamente preparada para sillas de ruedas. Con la ayuda de Vanessa, avanzando muy despacio, y después de superar varios charcos de agua acumulada con las lluvias de días pasados, conseguí llegar hasta allí.

En su interior, nadaban tranquilamente varios ejemplares de ánade real y focha común. Otros permanecían ocultos entra la abundante vegetación palustre, dominada por el sauce y el carrizo. Varios minutos de atención y espera nos permitieron descubrir a un tercer personaje: la ubicua gallineta, que con sus hábitos discretos nos hizo pensar en un primer momento que se trataba del esquivo rascón...

Focha común (Fulica atra) en la laguna de A Bodeira. //Manu Sobrino

Nos pasamos un buen rato contemplando las abluciones de las fochas, capaces de bucear para dar alcance a las plantas acuáticas de las que se alimenta. Por fin, nos animamos a sacar nuestras cámaras y hacer las primeras fotografías. Una enorme garza real sobrevoló nuestras cabezas. Con la delicadeza de un paracaidista, aterrizó en el borde de la laguna.

El vuelo rápido y directo de un cernícalo llamó mi atención a mis espaldas, por encima del cordón dunar que protege la playa Mexilloeira. Aquí fue donde Vanessa localizó, el 9 de noviembre, al raro Podiceps auritus zampullín cuellirrojo cita celebrada por todos los birders gallegos. Instantes después apareció otro cernícalo, probablemente la pareja del primero. Ambos mostraban una evidente actitud de caza, ejecutando su espectacular vuelo cernido antes de caer con sus garras sobre algún reptil o insecto despistado.

Como dato curioso quizá más preocupante que curioso hay que decir que tuvimos ocasión de observar a varias libélulas del género Sympetrum en el entorno de la laguna. Incluso una pareja acoplada en tandem como me explicó Vane centrada en la puesta de huevos... ¡en pleno mes de diciembre!

Cernícalo vulgar posado en las inmediaciones de A Bodeira. //Manu Sobrino

Entretando, los patos dormitaban y las rapaces se habían marchado, así que decidimos retirarnos. En el camino de vuelta, nos topamos con dos de los nuestros. Eran Juan Gómez y Juan Carlos Epifanio, a los que hasta ese momento sólo conocíamos vía WhatsApp. Nos presentamos y comenzamos una animada charla. Hablamos, entre otras cosas, de las amenazas que comprometen el futuro de esta y de otras zonas húmedas. Y por supuesto de las criaturas que las habitan. Amenazas que llegan "por tierra, mar y aire", comentaba Juan Carlos. En A Bodeira ya no crían con tanta frecuencia las gallinetas, las fochas o los zampullines. "La gente trae a sus perros a bañarse aquí", aseguraba Epifanio. Lo mismo sucede con el chorlitejo patinegro, que a duras penas consigue sacar adelante a sus pollos en playas como A Mexilloeira.

Actividades de ocio como el surf o embarcaciones a motor como lanchas o motos de agua perturban la sagrada tranquilidad de las aves. Las molestias humanas derivadas del turismo descontrolado ponen en riesgo la supervivencia de muchas especies, hasta el punto de hacerlas desaparecer completamente.

Uno de los objetivos de mi viaje a O Grove, y en definitiva, de cualquier salida al campo, era ver especies nuevas. Concretamente dos: el colimbo grande y el ánade rabudo. Afortunadamente para nosotros, nuestros colegas sabían donde encontrar la primera de ellas, y amablemente se prestaron a guiarnos hasta allí. Tenían localizados 3 ejemplares en el extremo norte de A Lanzada, cerca de Punta Raeiros. Y hacia allí nos dirigimos. Cuando llegamos al punto de observación, desde donde se dominaba una considerable porción de mar abierto, peinamos a conciencia aquella zona.

Uno de los cuatro colimbos grandes que pudimos observar. //Manu Sobrino

Juan Gómez y Epifanio no tardaron en encontrar a uno de los Gavia immer. Vane y yo, con la vista menos acostumbrada, estábamos un poco más perdidos. Una vez más, fue gracias a la ayuda de nuestros compañeros y sus potente teleobjetivos como pudimos ubicarlos. Enseguida advertimos la dificultad de diferenciar a los colimbos de sus vecinos los cormoranes. Estos, con el plumaje completamente negro; aquellos, con la garganta y partes inferiores de color blanco. La técnica de pesca tampoco ayudaba a distinguirlos. Las dos especies capturan a sus presas varios metros por debajo de la superficie.

Sin tiempo para más, Gómez y Epifanio se vieron obligados a irse. Era hora de comer. Nosotros, ensimismados con los colimbos, habíamos perdido totalmente la noción del tiempo. A pesar de todo, queríamos seguir, y seguimos hasta que logramos hacer buenas fotos. En una de ellas puede verse a un grupo de cuatro individuos nadando juntos.

Se nos echaba la tarde encima. Cuando nos dimos cuenta era las cuatro menos cuarto... ¡Y no habíamos probado bocado en todo el día! Quedaban como mucho dos horas buenas de luz, así que no perdimos un segundo. Compramos un bocadillo y un sandwich para llevar y seguimos a lo nuestro...

El siguiente alto en el camino nos llevó hasta la antigua fábrica de tejas de Vilalonga, en el concello de Sanxenxo. Sin embargo, aquí tampoco tuvimos suerte. Apenas un inquieto andarríos y alguna cerceta descansaban a este lado de la ría. Pero Vane me reservaba lo mejor para el final...

El cansancio empezaba a hacer mella. El hambre también. Pero sólo éramos conscientes de ello cuando ojeábamos la pantalla del teléfono móvil. En otras circunstancias estaríamos agotados. Pero no hoy. No ahora... ¿Cómo íbamos  a estarlo, rodeados como estábamos de tanta belleza, de tanto por descubrir?

El espectacular ánade rabudo, flanqueado por un macho de ánade azulón
y una hembra de su misma especie. //Manu Sobrino

De vuelta en la ensenada de O Vao, fuimos testigos del insólito 'Desfile Otoño-Invierno Fashion Anatidae 2016'. Cientos de patos vestidos con sus mejores galas caminaban sobre aquella peculiar pasarela de agua y limo empujados por la pleamar. Vane y yo disfrutábamos del espectáculo desde nuestra privilegiada posición en primera fila, o lo que es lo mismo, desde el arcén de la Nacional PO-316, que ofrece excelentes vistas a la ensenada.

Un variopinto despliegue de formas y colores cubría aquel escenario. El gordo y rechoncho ansar común, como no daba la talla, asistió al evento como espectador. Mientras tanto, Vane y yo, cual verdaderos críticos de moda, comentábamos las propuestas para esta temporada. Pasaba desapercibido el estilo sobrio y discreto del ánade friso; el azulón apostaba por la clásica combinación verde brillante con irisaciones en su cabeza y un bonito adorno de plumas negras y rizadas en la cola; el llamativo tocado del silbón europeo, de color amarillo, contrastaba con las tonalidades rosadas de su pecho. Pero sin ninguna duda, el diseño más arriesgado, el top model de los patos, era el ánade rabudo. Su look fue el más aplaudido por el público.

A medida que el sol descendía por el oeste, un manto de oscuridad se proyectaba por el este, apagando tras su marcha el lustroso plumaje de las aves, que se disponían a pasar la noche en apretados bandos. Inevitablemente, llegó el momento de la despedida. Regresamos al parking de A Lanzada, donde tenía estacionado mi coche. Las espectativas se habían cumplido con creces para mi, y así se lo hice saber a Vanessa, hacia la que sólo tengo palabras de agradecimiento. Pronto nos veremos otra vez...

jueves, 22 de diciembre de 2016

Sexta cita de nutria en el estuario del Miño

Cada fotografía, cada vídeo, cada observación, documentada o no, que podamos aportar de esta especie amenazada, tiene un enorme valor. Cada nueva cita de nutria en nuestras aguas viene a confirmar que esta preciosa criatura ha vuelto para quedarse.

Estamos en el siglo XXI. Ya no podemos justificar su muerte como antes. Ya no podemos decir que ignorábamos el papel vital  que desempeña en el frágil equilibrio de la naturaleza. Ya no podemos acabar con su vida de un tiro por placer; ni siquiera para defender los intereses del sector pesquero. Porque hoy sabemos que allí donde hay nutrias, hay peces para todos. Porque hoy entendemos que la nutria es el mejor aliado para combatir especies invasoras como el visón o el cangrejo americanos.

Esta tarde quiso demostrarme que sigue aquí, fuerte, vigorosa, que lucha por sobrevivir día a día en un mundo que sigue siendo hostil para ellas. Hoy se ha dejado ver entre los patos, bailando con el río, emergiendo a cada rato para volver a desaparecer bajo la superficie. Por momentos, creía haberla perdido, pero volvía a emerger con un escurridizo pez que en ocasiones se le escapaba entre las garras...

Ellos son los únicos que la temen. El agua se estremecía a su paso. Eran los atemorizados peces, que sin duda asustados por la irrupción de su mayor enemigo, se juntaban en apretados bancos como único sistema de defensa. Cuando daba alcance a uno de ellos, aprovechaba las extensas lenguas de arena que dejaba al descubierto la marea para consumirlo tranquilamente. Entonces, la gracia se convertía en torpeza, y su perfecta adaptación al líquido elemento resultaba una clara desventaja a la hora de moverme en tierra firme.

En fin... Mucho mejor que mis palabras será que veáis este vídeo. Uno de los muchos que pude hacer antes de que la noche pusiera punto y final al espectáculo. ¡Ah, por cierto! No tengo Parkinson, soy muy joven para eso... Pero las imágenes fueron tomadas a más de 200 metros de distancia y con muy mala luz. Por no hablar de la emoción del momento, perfectamente reflejada en mi pulso...