miércoles, 23 de octubre de 2019

Ca(l)zadas desde mi cocina

Una de las observaciones más insólitas de toda mi vida... No solamente por lo raro de la cita, que también— sino y sobretodo por el lugar escogido por este águila calzada (Hieraaetus pennatus) para posarse y descansar unos minutos.

La hora de la comida se vio bruscamente interrumpida ayer por la irrupción de este inesperado invitado. Eran aproximadamente las 13:15 h. de la tarde, cuando vi aparecer por el rabillo del ojo la enorme silueta de la rapaz. Volaba a baja altura, con la cola desplegada en abanico, detalle que me hizo pensar en un primer momento que podría tratarse de un milano real. Salte de la silla como un resorte para comprobarlo, convencido de que se había posado en el cedro que está al otro lado de la carretera. Mi familia no entendía absolutamente nada...

Efectivamente, allí estaba, rodeada por una nube de cornejas y urracas que gritaban sin descanso. No tardé en descubrir a un segundo águila que volaba en círculos sobre mi casa. Era de fase clara, muy bonita, con el típico plumaje contrastado de la especie.

El águila calzada observada en A Guarda. // EL NATURALISTA COJO

No daba un duro porque el ave aguantara más de cinco minutos sobre las endebles ramas de aquel árbol, expuesto al ruido del tráfico y la proximidad de las casas del barrio de Salcidos, en A Guarda. Pero no sólo aceptó sin inmutarse esas molestias, sino que resistió durante más de dos horas el acoso de los córvidos, congregados cada vez en mayor número.

Pensaba sentarme de nuevo a la mesa para terminar el pollo con arroz que estaba comiendo, pero ante semejante espectáculo no tuvo mi madre más remedio que guardarlo para la cena. No se ve algo así todos los días, y menos desde la ventana de tu propia cocina.

El águila de morfo claro dio varias pasadas más sobre nuestras cabezas antes de perderse para siempre. Pero su compañera se mantuvo firme en su posadero hasta pasadas las 15:30 h. de la tarde. Algo increíble teniendo en cuenta, como decíamos, el emplazamiento elegido. Finalmente, cansado de hacer fotos y vídeos, me metí en casa de nuevo. Todavía se escuchaban desde el salón los graznidos de las urracas, pero la algarabía bajaba en intensidad. Finalmente, el silencio...

El águila calzada se encuentra en estos momentos en paso postnupcial hacia sus áreas de invernada, en el África subsahariana. Los registros se suceden en esta época en diferentes puntos de Galicia, también en el Baixo Miño. Probablemente sea el caso de estos individuos, migrantes tardíos y agotados que decidieron hacer un paréntesis en el camino. Una verdadera suerte.

martes, 10 de septiembre de 2019

Los naturalistas también metemos la pata...

Siempre intento hacer las cosas lo mejor posible. Trabajar de forma ética y responsable, tratando de garantizar en todo momento la sagrada tranquilidad de los animales que observo. Para ello es vital la paciencia, el silencio, la distancia... Todo es poco para interferir lo menos posible en sus quehaceres diarios. Cuando se trata de publicar fotos o vídeos en redes sociales, analizo con lupa las posibles consecuencias para la especie en cuestión. Hay que tener mucho cuidado, por ejemplo, a la hora de compartir la localización de especies amenazadas o sometidas a una fuerte presión cinegética. El efecto llamada puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte para nutrias, zorros, y otras criaturas igual de "delicadas". Para esquivarlo, pueden utilizarse sencillos trucos como evitar mostrar en las imágenes fondos o paisajes reconocibles, retrasar la fecha de publicación o simplemente llevarnos nuestro secreto a la tumba, si es necesario... Debemos anteponer el bienestar de los animales a la calidad de una imagen u observación.

Otro tema importante es el de las molestias durante la época de cría. Se desaconseja difundir inmediatamente imágenes de nidos, pollos, cachorros y en general cualquier indicio de reproducción de especies protegidas o en peligro de extinción. En algunos casos soy partidario de no sacarlas nunca a la luz... 

Hembra de colirrojo con una oruga en su pico. // EL NATURALISTA COJO

Todas estas normas forman parte de un código ético y personal que debe regir siempre nuestra forma de actuar en el campo. Pero todos cometemos errores, a veces inconscientemente. Entonces solo queda enmendarlos y corregirlos en la medida de lo posible, hacer examen de conciencia y aprender. La experiencia nos guiará la próxima vez...

A finales de julio me encontraba realizando con mi chica una ruta por el Condado de Treviño, en la provincia de Burgos, y sus pueblos olvidados: Obécuri, Bajauri, Urturi... Pequeñas pedanías en las que apenas un puñado de vecinos mantiene viva la memoria de su pasado. Hablamos con algunos de ellos, nos interesamos por sus costumbres y tradiciones, compartimos con los mayores recuerdos y nostalgia. Nos empapamos de paisaje y paisanaje, que es lo que nos gusta. Lo que en principio iba a ser una visita por algunos de los bosques mejor conservados de la región, hogar de aves tan escasas como el búho real o el pico mediano, acabó convirtiéndose en un enriquecedor viaje narrado por sus propios protagonistas. Protagonistas a los que ya nadie escucha.

Humilladero del Santo Cristo de Ubécuri. // EL NATURALISTA COJO

Buscábamos un lugar a la sombra en el que descansar y recuperar energías. Había sido una agotadora mañana rodando por monte y asfalto bajo un sol de justicia. Nos dirigimos al conocido humilladero del Santo Cristo de Ubécuri, una antigua capilla abierta y cubierta con una reja en la que los fieles se arrodillaban —se "humillaban"— ante las tallas guardadas en el interior de esta construcción. Delante de ella, a modo de improvisado mirador, el pórtico apoyado sobre unas columnas jónicas ofrecía unas preciosas vistas del pueblo y todo su entorno. Este fue el lugar elegido para hacer una breve pausa y comer un poco antes de continuar.

No tardamos en darnos cuenta de que teníamos compañía... Una hembra de colirrojo tizón revoloteaba confiada con una oruga en el pico. Minutos después, el macho. Iban y venían como por turnos, recorriendo de un lado a otro los muros de piedra o jugando al escondite al abrigo de los arbustos. Una ocasión inmejorable para hacer buenas fotos. Saqué con cuidado la funda de mi P1000, convencido de que no aguantarían mucho tiempo nuestra proximidad. Para mi sorpresa, no solo toleraban perfectamente nuestra presencia, si no que estuvieron casi una hora merodeando por los alrededores. Pero lo que más nos llamó la atención fue ese constante acarreo de orugas, diminutas larvas de color verde brillante que se enroscaban todavía con vida alrededor del pico de las aves. Circunstancia que pasamos por alto al principio y que a la postre sería importante para entender lo que estaba ocurriendo...

Nido construido sobre la mano del cristo. // EL NATURALISTA COJO

"Tendrán el nido cerca de aqui", le comenté a Leire cuando llevaba ya muchos minutos haciendo fotos y vídeos. Lo que para nosotros era puro entretenimiento, para ellos significaba estrés, fatiga y agotamiento. Pero no fuimos conscientes de la gravedad de la situación hasta que, llevada quizá por una profunda intuición, descubrió Leire que el nido de la pareja descansaba sobre la mano del Cristo, en el interior de la ermita que teníamos a nuestras espaldas. Sin darnos cuenta, bloqueamos el paso de los abnegados progenitores, incapaces de entrar a alimentar a su prole mientras permaneciéramos en el edificio religioso.

Con el tiempo justo para documentar tan singular ubicación para su valiosa puesta, y tras comprobar que eran tres los pollos que reposaban sobre la mano del Cristo crucificado, decidimos poner fin lo antes posible a la agonía de la familia, no sin antes asegurarnos de que los padres regresaban para reunirse con sus pequeños... Fue un gran alivio confirmar como instantes después de alejarnos tan solo unos metros, uno de los adultos atravesó como una exhalación la puerta que protege el humilladero... Sin duda el final esperado por todos.

jueves, 8 de agosto de 2019

¡El Naturalista Cojo hace las américas!

Nos enorgullece poder anunciaros que se acaba de estrenar el documental 'Especies exóticas invasoras. La amenaza silenciosa', trabajo que aborda el impacto de las EEI sobre la flora, fauna y ecosistemas nativos de la Argentina, la segunda causa de pérdida de biodiversidad a nivel mundial.

©Ícaro Producciones

Realizada por Ícaro Producciones para el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Argentina y para la Organización de Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO), este documental hace un repaso por algunas de las especies introducidas intencionada o accidentalmente más dañinas, así como los enormes esfuerzos llevados a cabo para tratar de frenar su expansión.

Desde El Naturalista Cojo hemos puesto nuestro granito de arena aportando unas espectaculares —y nada fáciles de obtener— imágenes de visón americano devorando a una garza real. Imágenes que podéis ver en los minutos 5:26, 6:08 y 7:11, dedicados a analizar las gravísimas consecuencias de la liberación de este voraz mustélido en la provincia de Santa Cruz, al sur del país, y su impacto sobre las exiguas colonias reproductoras de maca tobiano, ave catalogada 'En peligro crítico de extinción' de la que apenas sobreviven 600 ejemplares.


Os sorprenderá comprobar como especies tan familiares en España como el Tamarix, el estornino pinto o el jabalí, están causando estragos al otro lado del charco, provocando importantes pérdidas económicas o poniendo en riesgo la biodiversidad local.

Una ambiciosa producción que contribuirá a un mejor entendimiento sobre la problemática de las especies exóticas invasoras, el primer paso para enfrentar eficazmente esta amenaza global.

Para visualizarlo, solo tienes que registrarte de forma totalmente gratuita en la plataforma CINE AR PLAY a través de la web https://play.cine.ar/bienvenida/. Recibirás un email de confirmación en tu correo electrónico para activar tu cuenta.

martes, 29 de mayo de 2018

Mi victoria en la XII Edición de los Premios 20Blogs

Por segundo año consecutivo, y por segunda vez desde que decidí crear este blog y presentarlo a concurso, El Naturalista Cojo logró colarse entre los finalistas de la XII Edición de los Premios 20Blogs en la categoría 'Solidario'.

El pasado 17 de mayo se celebró la gran gala final, en la que "El desafío de Pablo - Una vida con Duchenne" se alzaba justo vencedor. El esperado evento tuvo lugar en el emblemático Caixa Fórum de Madrid.

La magia de Jorge Blass daba el pistoletazo de salida a un acto presentado por Oscar Martínez y Leyre Barriocanal, caras conocidas de la televisión. No faltaron tampoco destacados nombres del mundo de la política, como la Presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, o la portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, entre otros.

Yo estaba bien acompañado. Leire Méndez, una persona muy especial para mi, brilló con luz propia. Acostumbrada a esconderse detrás de la cámara para inmortalizar mis aventuras y desventuras en la naturaleza, sus vídeos y fotografías han conseguido ofrecer el enfoque fresco y novedoso que la página necesitaba. Sin su colaboración no hubiéramos llegado hasta aquí.

Manu Sobrino Senra y Leire Méndez en el Caixa Forum de Madrid. // ENC

Sin más dilación se fueron anunciando por orden alfabético los ganadores en cada una de las categorías, 19 en total. El momento más tenso de la noche. Las pulsaciones se aceleraban a medida que se iban entregando las estatuillas...

En un veredicto final digno de los Oscars de Hollywood, el desparpajo de un chaval de cuatro años conquistó el corazón del jurado y el público. Una atronadora ovación reconocía la lucha de Pablo y su familia contra una enfermedad tan dura como desconocida: la distrofia muscular de Duchenne. Contento por ellos, me sumé emocionado al aplauso general.

La vida me ha enseñado a ver el vaso medio lleno... Siempre lo hago. Y esta no iba a ser una excepción. Me fui con la sensación de hacer algo que gusta y que la gente valora. Terminada la gala, durante el convite tuve ocasión de conocer a varios compañeros, a los que me une la pasión por contar y compartir. Entre ellos se encontraban los padres de Pablo, verdadero protagonista de la gala, o el mexicano Oscar Aranda, finalista en 'Medio Ambiente' con sus "Relatos de la naturaleza".

He ganado... He ganado buenos amigos. He ganado experiencia. He ganado risas y anécdotas para recordar. He ganado ―porque no decirlo― nuevos seguidores. Y lo más importante: me he ganado el cariño y la admiración de muchas personas. Con eso me quedo... El año que viene más y mejor.

viernes, 11 de mayo de 2018

Lagarto verdinegro, primer registro personal

Desviarse de las rutas de bicheo habituales puede deparar grandes sorpresas. Soy hombre de costumbres, y como tal frecuento casi siempre los mismos lugares en mis jornadas de campo. Y aunque a menudo salgo con la intención de cambiar de aires, la mayor parte de las ocasiones acabo visitando las tres o cuatro zonas en las que tengo garantizadas buenas observaciones.

Este miércoles fue uno de esos días en los que decidí variar mi recorrido. En realidad quería cambiar de sitio mi cámara de fototrampeo... El nuevo emplazamiento elegido para colocarla fue una pequeña parcela rodeada de aliso, eucalipto y acacia negra. Un estrecho regato encauzado por un amasijo de tierra y piedras delimitaba perfectamente el perímetro del terreno, que ofrecía un hábitat adecuado para multitud de insectos, arañas y otros invertebrados. No tardé en localizar inquilinos más grandes, animales que encuentran refugio entre los huecos y grietas del muro: los lagartos.

Enseguida me di cuenta de que se trataba de lagartos verdinegros (Lacerta schreiberi), especie que nunca había visto antes. Al menos viva. El registro anterior de un ejemplar atropellado en Salcidos (A Guarda) es toda mi experiencia con estos reptiles.

La azulada y brillante cabeza de uno de ellos se destacaba sobre la verde hierba. Los machos así engalanados intentan captar la atención de las hembras en época de celo. Una primera observación que me dejó impresionado... No me podía imaginar que presentaran un color tan intenso, tan llamativo. La hembra, algo más discreta, luce tonos más apagados.

Macho de lagarto verdinegro en celo.  // El Naturalista Cojo

Asustados por mi presencia, se ocultaron rápidamente entre las paredes de su hogar. Lo que menos me interesaba en ese momento era intimidarlos, por lo que fotografiarlos desde mi silla de ruedas me parecía la mejor opción. Pero enseguida me di cuenta de que no sería tarea fácil. Todas las imágenes salían borrosas y desenfocadas. Decidí entonces bajarme y aproximarme de rodillas, procurando no realizar movimientos bruscos que pudieran ahuyentarlos. Pero todos mis esfuerzos fueron en vano. Los lagartos no me quitaban los ojos de encima... No tuve más remedio que subirme de nuevo a la silla y esperar a que alguno de ellos se aventurara fuera de su escondite.

Para mi sorpresa, el envalentonado macho se encaramó a lo más alto del muro, quizá para "vigilarme" de cerca. Poco más de medio metro nos separaba... Pero mis pretensiones no era malas, y tenía la esperanza de que el animal lo entendiera de algún modo. Y así fue, o eso quiero pensar, ya que en los diez minutos que siguieron se dejó fotografiar a placer.

Pero no estaban solos los adultos... Al menos dos crías se soleaban bajo la atenta mirada de sus padres. Eran preciosas. Tenían varias bandas longitudinales de color amarillo orlados de negro en los costados, que sin duda les ayudaba a pasar desapercibidas en el claroscuro del bosque. Un prodigio de la naturaleza.Y aunque en un principio se mostraban reticentes, después se "portaron" muy bien.

Cría de lagarto verdinegro. // El Naturalista Cojo

El último reto consistió en retratar juntos a ambos consortes, objetivo que sólo logré a medias... La calidad de las imágenes deja mucho que desear, como podéis ver pinchando en este link.

A pesar de todo, estaba contento. Había conseguido sortear todos los obstáculos y obtener buen material de uno de los lacértidos más espectaculares ―y también más escasos― del Baixo Miño.

El lagarto verdinegro o lagarto das silvas (Lacerta schreiberi) sufre un importante declive en la comarca. La alteración de las riberas de los ríos y riachuelos que ocupa (plantación de eucaliptos, incendios forestales, creación de grandes embalses, etc.) y la contaminación son sus mayores amenazadas.

Es una especie endémica de la Península Ibérica. No se encuentra en ninguna otra parte del mundo. Sin embargo, la simple contemplación de uno de los animales más bonitos de nuestra fauna debe ser motivo suficiente para garantizar su futuro a largo plazo. Ojalá estas líneas contribuyan a su conocimiento y conservación.

lunes, 23 de abril de 2018

¡De regalo, una comadreja!

La suerte, el destino o quizá las dos primeras tórtolas europeas de la temporada me llevaron a descubrir uno de los animales más esquivos y bonitos de la Península Ibérica: la comadreja. Fueron las preciosas rulas las que me guiaron hasta el sendero en el que posteriormente vería al mustélido, un camino de tierra más o menos acondicionado que atraviesa el bosque, que a modo de cinturón verde, rodea las marismas del estuario del Miño. 

Dos ejemplares cuyo monótono arrullo me hablaba del fin de las lluvias, del establecimiento definitivo de esta tardía primavera... Me adentré en la senda con la intención de documentar su retorno, todo un acontecimiento teniendo en cuenta el dramático declive que ha experimentado esta especie en nuestro país. De regreso, cuando me giraba por última vez antes de incorporarme a la carretera principal, pude observar de reojo como algo pequeño y rojizo cruzaba a toda velocidad la pista justo detrás de mi.

En un primer momento creí que se trataba de un lagarto. Pero había algo que no me encajaba. Era esa forma de moverse, esa increíble rapidez... Sorprendido por la fugaz visión, me acerqué a la cuneta en la que se había parapetado. Intenté localizarlo sin éxito. Las altas hierbas guardaban con celo el misterio.

Con la esperanza de que volviera a salir, decidí esperar un poco más. Varios minutos después, un cuerpo ancho y redondeado reaparecía de nuevo entre la vegetación, tan brevemente que no tuve tiempo de identificarlo. Sólo me había quedado clara una cosa: aquello no era un reptil.

Comadreja (Mustela nivalis) en el estuario del Miño. // El Naturalista Cojo

Fuera lo que fuese, era evidente que me vigilaba desde su seguro refugio. Sólo cuando lograba reunir el valor suficiente, se asomaba tímidamente para ver lo que ocurría. Fue entonces cuando me de cuenta de que me encontraba ante una bellísima comadreja... Confieso que casi me da un vuelco al corazón. La donicela o doniña, como también se le conoce en Galicia, es una pieza codiciada para cualquier amante de la naturaleza.

Quería fotografiarla. No sería nada fácil, pues se trata de una criatura extremadamente nerviosa. Rápida como el rayo. Se había vuelto a ocultar, pero sabía que surgiría otra vez. Me situé a unos cuatro metros de ella, distancia que consideraba suficiente para no asustarla. Parecía querer cruzar al otro lado. Dudaba... De pronto, se atrevió a dar el paso, ocasión que no desaproveché para apretar el disparador de mi P900. Pero el animal se movió en el último segundo y fallé.

Me temblaba el pulso. Quizá se habían agotado mis posibilidades... Afortunadamente no fue así. Ahora iba a seguir todos sus movimientos a través del visor de la cámara. Mi concentración era máxima. Avanzó varios centímetros hasta alcanzar la franja de tierra, me miró varias veces y lancé un certero disparo. ¡La tenía!

Difícilmente podría haber imaginado un regalo mejor en el Día Internacional de la Madre Tierra. Una jornada que nos recuerda, según Naciones Unidas, "la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos". Tenemos la obligación de protegerla. 

martes, 17 de abril de 2018

La hora de los raposos

Hacía poco más de un mes que me había propuesto arrancarle secretos a la luna. Sumergirme en el mundo de las tinieblas y profundizar en el conocimiento de los animales nocturnos. Existe un buen número de especies, sobretodo entre los mamíferos, que desarrolla la mayor parte de su actividad en plena noche: ginetas, garduñas, jabalíes, tejones, nutrias... Criaturas muchas de ellas que se han visto obligadas a modificar sus costumbres para evitar entrar en contacto con el hombre, su peor enemigo.

Cuando salgo al campo lo hago a "pajarear", a observar aves, más habituadas a la presencia humana. Sé muy bien que toparse con alguno de los animales citados anteriormente es prácticamente imposible. Por esta razón, a principios de año estrené mi cámara de fototrampeo, una VICTSING, dispositivo dotado de sensores capaces incluso de detectar el paso de un ratoncillo.

Lo que nunca hubiera imaginado es que iba a ser bajo el tibio sol invernal cuando lograría captar las mejores imágenes de un carnívoro que rara vez se deja ver durante el día: el raposo.

El zorro más grande se aproximó a 50 metros de mi. // El Naturalista Cojo

Esta historia comienza la tarde del 22 de febrero, cuando recibí un mensaje de esos que aceleran las pulsaciones. Al otro lado del teléfono, un emocionado César amigo personal y artífice de algunos de los mejores descubrimientos para El Naturalista Cojo relataba el hallazgo de dos zorros en Morraceira das Varandas, una de las islas que dan forma y personalidad al estuario del Miño. Eran pequeños, "al menos uno de ellos", aseguraba, al tiempo que lamentaba no llevar la cámara encima en aquel momento. Le habían sorprendido después de comer, a eso de las 15:00 pm., y me animaba a regresar al día siguiente a por ellos...

Consideraba poco probable que volvieran a salir, así que decidí no ir... Craso error. No sólo no salieron, si no que lo hicieron en el mismo sitio y prácticamente a la misma hora. El chivatazo una vez más fue cosa de César. En esta ocasión pudo verlos momentos antes de desaparecer en el bosquete que les servía de refugio.

Había perdido una nueva oportunidad de observarlos. O eso creía... Cogí mis cosas lo mas rápido que pude y me fui directamente al estuario. Poco antes de las 16:00 h. de la tarde escudriñaba ya la zona en busca de nuestros protagonistas. Barría la isla de un lado a otro con mis prismáticos con la esperanza de localizarlos. Esperanza que se desvanecía con el paso de los minutos...

De pronto, en el transcurso de la incansable batida, enfoqué al primero de ellos, el más grande. El impacto de aquella visión inicial fue indescriptible... Caminaba tranquilo, completamente ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Podía verme, podía escucharme, sin embargo no mostró el menor atisbo de miedo o desconfianza.

Uno de los zorros en Morraceira das Varandas. // El Naturalista Cojo

Acosado por varias cornejas, que denunciaban su presencia gritando y dando pasadas sobre su cabeza, se iba acortando poco a poco la distancia que me separaba del cánido. Ochenta, setenta, sesenta metros... Cada vez más cerca. Así hasta situarse justo delante de mi, al otro lado del río. Mi corazón latía apresuradamente. Tan deprisa, que tuve que tratar de relajarme para inmortalizarlo todo en fotos y vídeos. Las imágenes hablan por si solas. Los ojos de aquel animal salvaje, que detuvo su marcha en varias ocasiones para mantener contacto visual conmigo, me llegaron directamente al alma...

Pero la cosa no acaba aquí. Me preguntaba donde estaría el otro raposo. Lo imaginaba oculto entre la vegetación... No tardé en obtener respuesta. Pasadas las 18:00 h. de aquella ajetreada tarde, un precioso peluche anaranjado hizo acto de presencia. Era el menor de la pareja. El más bonito, el más tierno, de formas redondeadas y denso pelaje invernal. Parecía joven, pero no me atrevería a precisar su edad.

Avanzaba despacio, aparentemente tranquilo, más preocupado por olisquear cada palmo del terreno que pisaba. Pero yo no era el único que seguía sus movimientos... Delante de mi, dos ancianos contemplaban atónitos la escena. "Seghuro que alghén os botou" ("seguro que alguien los echó") comentaban entre ellos sin quitar ojo al animal, que no se inmutó lo más mínimo. Por desgracia, esta es una creencia que todavía se mantiene en los pueblos, donde los conceptos "depredador" y "alimaña" tienen idéntico significado... Apenas aguantó unos minutos antes de retirarse, lejos de miradas curiosas...


Sábado 24. Volvía a la carga, pero esta vez acompañado por César, sin el cual esta aventura no tendría ningún sentido. Con suerte compartiríamos juntos una apasionante jornada de campo. Habíamos quedado sobre las 15:00 h., oficialmente ya "la hora de los raposos", pero nuestros peludos amigos parecían haber olvidado la cita. Se retrasaban más de lo habitual. Hablábamos en voz baja, casi susurrando para no asustarlos, pero no hay ruido que escape al finísimo oído de maese zorro. Inesperadamente, algo que se movía llamó mi atención... ¡Mira, mira, mira!, reaccioné inmediatamente con expresión contenida. A simple vista reconocimos a uno de ellos, el más pequeño. Estaba a lo suyo. Orinaba, mordisqueaba, venteaba el aire con su largo hocico... Una breve visita que a nosotros nos llenó de alegría. 

Quise probar fortuna también el domingo. Sin embargo, tenía el presentimiento de que no acudirían... No me equivocaba. Hice una nueva espera que resultó infructuosa. La posterior crecida del río, una de las más impresionantes que se recuerdan, puso el punto y final a mis "encuentros con lo libre". Los raposos se vieron obligados a abandonar su morada antes de que el agua anegara por completo las islas. Como si la naturaleza quisiera hacer borrón y cuenta nueva. La corriente arrastró y se llevó muchas cosas. Pero el recuerdo de lo vivido aquellos días permanecerá para siempre conmigo.