lunes, 31 de octubre de 2016

Búho campestre: los ojos de la noche

El pasado jueves fue día de caza en la sierra de A Groba. Y eso se notó en el escaso número de observaciones: un chochín, varias lavanderas blancas, apenas un par de alondras, y el reclamo chirriante e inconfundible de la curruca rabilarga, que seguramente andaría escondida entre algún matorral. Eso fue todo.

Había venido a por los chorlitos dorados, pequeñas joyas aladas que en esta época vuelan hacia el sur de Europa procedentes del norte del continente, de la lejana tundra. Huyen del frío invierno de aquellas latitudes.

Sabía perfectamente que el ruido de los disparos y el trasiego de coches, perros y personas pondría en fuga a la mayoría de las aves. A pesar de todo quise intentarlo. Estos montes a menudo guardan grandes sorpresas esperando a ser descubiertas. 

Pero los peores augurios se estaban cumpliendo. Completé mi trayecto de campeo habitual en menos de una hora. En otras circunstancias me hubiera llevado más tiempo, pero no valía la pena esperar más. La sierra estaba triste, vacía, sin vida...

Resignado, pensando que quizá hubiera sido mejor quedarse en casa, decidí bajar hasta el aparcamiento en el que tenía estacionado mi coche, y en el que minutos después me reuniría con mi amigo Carlos, con el que había quedado previamente. Eran las 19.00 h. de la tarde, momento en que también los cazadores empezaron a recoger.

Búho campestre observado el pasado jueves en A Groba. //Manu Sobrino

Dando voces, demostrando una vez más su falta de respeto por todo y por todos, hablaban a gritos los unos con los otros. Mientras tanto, uno de sus perros se divertía jugando y persiguiendo a una vaca ante la despreocupada mirada de su dueño. Si son capaces de hacer eso con un animal tan corpulento, ¿qué no harán si se topan, por ejemplo, con un grupo de los pequeños y frágiles chorlitos dorados? Mejor no pensarlo...

Poco a poco la sierra se fue quedando en silencio. Los de la escopeta se habían marchado, por fin. Tras varios minutos tratando de comunicarme con Carlos, lo vi llegar a lo lejos. Nos saludamos y comenzamos una animada conversación que se prolongaría durante los siguientes 45 minutos. 

De repente, mis palabras se vieron interrumpidas por las de un sorprendido Carlos:

"¡¿Qué es eso!?", preguntó señalando con el dedo una zona concreta a mis espaldas. Rápidamente me giré para comprobarlo.

"Parece un ratonero", me dijo. "¡Ah no, es una lechuza campestre!", rectificó. Con la ayuda de prismáticos pude apreciar claramente el vuelo magestuoso de la lechuza, así como la faz achatada del ave, rasgo común a todos los búhos.

No es raro observar al búho campestre durante el día. Se trata de la
rapaz nocturna más "madrugadora". //Manu Sobrino

Pocas veces desenfundé la cámara tan rápido como en esta ocasión. Llevaba mucho tiempo esperando verlo, y mucho más todavía fotografiarlo. Pero la suerte estaba de nuestro lado. La rapaz fue a posarse en el punto más elevado de una loma de piedra y toxo, a 150-200 metros de nuestra posición. Las últimas luces del atardecer incidían directamente sobre el cuerpo del animal, añadiendo mayor atractivo a la escena.

A diferencia de los demás miembros de su familia, la curuxa manifiesta hábitos parcialmente diurnos, por lo que no es raro sorprenderla durante el día. El búho lleva el sol en sus ojos; el búho enciende la noche con su mirada. Y sus presuntas presas principalmente pequeños roedores lo saben muy bien.

Finalmente, la enorme rapaz alzó el vuelo y desapareció tras el altozano, dejando en nosotros un recuerdo imborrable y varias fotografías que guardaremos para siempre. Poco después nos despedimos, emplazándonos para la próxima cita con el campo y las aves.

Pero sería un mamífero el encargado de poner el broche de oro a la jornada. En el camino de vuelta a casa, un zorro atravesó la carretera varios metros por delante de mi coche, deslumbrado y seguramente asustado por los faros del vehículo. 

A veces pienso que la naturaleza pone todo el empeño en desvelar sus secretos a aquellos que, como yo, nos acercamos a ella con respeto y admiración...

lunes, 17 de octubre de 2016

Obradoiro de fototrampeo

El pasado fin de semana tuve la ocasión de asistir, acompañado de mi buen amigo César, al primer obradoiro de fototrampeo impartido por la Asociación Naturalista Baixo Miño (ANABAM). De la mano de Noé Ferreira Rodríguez, excelente divulgador, fuimos conociendo los detalles de este ambicioso proyecto que tiene como objetivo profundizar en el conocimiento de la fauna del Baixo Miño, prestando especial atención a los mamíferos carnívoros presentes en la comarca.

Un extenso territorio de 322,4 km2 dividido en casi 400 puntos de muestreo cubiertos por un equipo de 9 cámaras de fototrampeo. Estas son las mareantes cifras de un estudio pionero en Galicia. Estudio que se sostiene gracias al esfuerzo y entusiasmo de un grupo de personas que ha sido capaz de demostrar que con poco se puede hacer mucho.

Un proyecto joven (comenzó su andadura en la primavera de 2014) que ya empieza a arrojar los primeros resultados. Por ejemplo, la constatación de que es precisamente en las últimas manchas de bosque autóctono y bien conservado que nos quedan apenas el 12,5% del área total analizada donde se refugia una mayor diversidad de especies.

En base a estos y otros datos se ha podido determinar cuales son los 'hot spot' (puntos calientes) de biodiversidad en cada uno de los cinco concellos que abarca la región. Valiosa información que puede constituir el soporte para futuros planes de conservación. De ahí la importancia de este trabajo y su continuidad a largo plazo.

De izq. a dcha., Noé Ferreira, Manuel Sobrino y César A. Blanco Arias

Bajo un cielo encapotado que acabó descargando agua, nos contaba Noé las dificultades que han tenido que superar para sacar adelante el proyecto. La falta de medios, de tiempo y de ayuda podrían tirar por tierra dos años y medio de empeños e ilusiones. Y nunca mejor dicho lo de "empeñarse", pues todos los gastos generados son cubiertos por ANABAM y las aportaciones de sus socios.

Pero también hay motivos para alegrarse. Maravillados por la belleza de un raposo fotografiado cuatro días antes por uno de los dispositivos, comentamos alguna de las más de 25.000 imágenes obtenidas hasta la fecha. Jabalíes, ginetas, garduñas, tejones e incluso tres corzos han sido captados por las cámaras en algún momento. 

¡Cuantas sorpresas nos deparará esta aventura, que no ha hecho nada más que empezar! Soñamos con la vuelta del lobo ibérico a estos montes, de los que fue arrancado a finales de los años 70.

Tres horas despues, César y yo nos despedimos de Noé, encantados con la experiencia y con ganas de repetir. Resuena el eco terrible de varios disparos en el valle. Cazadores... Nos vamos con la sensación de que todavía queda mucho por hacer...

¿Quieres colaborar? Hazte socio de ANABAM entrando en www.anabam.org. Más información sobre el proyecto de FOTOTRAMPEO BAIXO MIÑO en www.fototrampeobm.wordpress.com.

Fotografía de zorro observada durante la actividad. //ANABAM

jueves, 13 de octubre de 2016

Récord de espátulas para el estuario del Miño

En los últimos años viene siendo habitual la presencia de la espátula común (Platalea leucorodia) en este espacio natural transfronterizo. Si bien, el número de aves que nos visita suele ser reducido, no sobrepasando en ningún caso los 10 individuos. Pueden aparecer en cualquier época del año, siendo el invierno la más propicia para su observación.

Lo que ya no resulta tan frecuente es la insólita concentración que se dio en la tarde de ayer. No daba crédito  a lo que estaba viendo. Hasta tal punto, que tuve que hacer el recuento varias veces. 19 espátulas se habían congregado frente a mi, probablemente la mayor agrupación de estas zancudas jamás registrada en el estuario del Miño. 

Dediqué muchos minutos a su contemplación. Un verdadero regalo para la vista. Las aves, extraordinariamente gregarias, formaban un apretado conjunto. En un momento dado, tres de ellas decidieron separarse y hacer compañía a un bando de azulones, entre los que había algunas cercetas. Una apática avefría, la primera de la temporada, observaba despreocupada a sus vecinos...

Marchaban juntas las espátulas, en fila india o en paralelo, moviendo al unísono sus cabezas de lado a lado, vadeando sobre el limo del fondo hasta que el extremo de sus largos y sensibles picos detectaba el movimiento de algún pececillo o pequeño invertebrado. 

Pude realizar varias fotos y vídeos antes de que la oscuridad de la noche lo cubriera todo. Aquí tenéis parte de ese material:

Buena parte del grupo de espátulas observado ayer. //Manu Sobrino

Espátulas alimentánse. //Manu Sobrino "El Naturalista Cojo"



martes, 11 de octubre de 2016

Nueva cita de nutria en el estuario del Miño

Y ya van cinco en mi "cuenta particular" desde que el 12 de junio de 2015 tuviera la suerte de observar por primera vez, de manera fugaz, a este precioso mustélido. 

La última se produjo ayer mismo, sobre las 19.45h. de la tarde y bajo un cielo plomizo, cubierto por completo de nubes... La temperatura era agradable, y el río formaba pequeños arenales que quedaban al descubierto con la bajamar. Sobre uno de estos cúmulos descansaba tranquilamente un nutrido grupo compuesto de azulones y cercetas, las primeras del invierno. El pequeño tamaño de estas contrastaba visiblemente con el corpachón de los ánades reales, mucho más grandes. 

La gran distancia que me separaba de las aves no dificultó, sin embargo, la identificación de un inesperado visitante. Una masa oscura, grande y alargada serpenteaba despacio entre los patos. ¡La nutria! pensé inmediatamente. El paso del mamífero, centrado en sus labores de pesca, apenas provocó reacción alguna en las anátidas. Ni se inmutaron. 

Con los prismáticos en la mano y la cámara guardada en la mochila, me asaltaron las dudas... Quería documentar el momento, como hago siempre que puedo, pero tenía miedo de perderla de vista. Cuando por fin consideré que no se escaparía, desenfundé mi P900 y empecé a grabar. 

Tratando de mantener el pulso, logré captar los últimos instantes de la escena. Fue gracioso comprobar la torpeza de "la señora del río" fuera de su medio habitual, el acuático. Al trote, con un pez en la boca, cruzó apresuradamente la estrecha lengua de arena que une el río con la cercana marisma, en realidad una de las islas que dan forma al estuario del Miño. Allí, a salvo de miradas indiscretas, daría buena cuenta de su presa.