martes, 27 de febrero de 2018

A=A, el pato transfronterizo

¿Os acordáis de "A=A", el pato colorado marcado en las Dunas de Sâo Jacinto, en Aveiro, y al que ya dedicamos una entrada completa en El Naturalista Cojo? ¿No? Recapitulemos:

El 6 de noviembre de 2016 Rafa Salvadores observaba en el estuario del Miño una hembra de pato colorado (Netta rufina) con placa nasal. En aquella ocasión no fue capaz de leer el código de la placa. Cuatro días más tarde, el 10 de noviembre yo mismo tuve la ocasión de verla en las marismas de Salcidos, realizando varias fotografías y vídeos que hicieron posible la identificación de la anátida.

Por mediación de Antonio Gutierrez pudimos conocer el historial vital de A=A, una hembra anillada como joven el 01/12/15 en la Reserva Natural das Dunas de Sâo Jacinto (Portugal) por el ornitólogo luso David Rodrígues. Allí permaneció hasta el 04/02/2016, fecha en la que se le pierde la pista. Nueve meses y 200 km. después, como hemos visto, recalaba en tierras gallegas.

Citas posteriores fueron el 15/11/2016 en O Rosal (Juan Pita), el 01/12/2016 (Manu Sobrino) y, por último, el 16/02/2017 (Manu Sobrino), todas ellas en el estuario del río Miño.

Pero el pasado viernes 16 de febrero, hace apenas semana y media, saltaba la sorpresa. El francés Hubert du Plessix aseguraba haber visto "claramente" a la hembra a orillas del lago Lemán, en Ginebra, el mayor lago de europa occidental con 72 km. de largo y 12 de ancho a caballo entre Francia y Suiza. ¡Parece que a nuestra amiga le gustan las fronteras!

Un largo e inesperado viaje que nos ha sorprendido a todos. Me alegra volver a tener noticias suyas. Le deseo todo lo mejor en su nuevo hogar.   

El último gran viaje de A=A. //El Naturalista Cojo

lunes, 19 de febrero de 2018

Comercio de pico picapinos en una feria de Portugal

El pasado fin de semana conocía la existencia de una pareja de pico picapinos enjaulados en la Feira Semanal de Vila Nova de Cerveira, norte de Portugal.

La Directiva Aves tiene por objeto proteger y conservar a todas las especies de aves en el territorio de la Unión Europea. Desde España a Finlandia, desde Alemania a Turquía, queda terminantemente prohibida su captura y compraventa.

Esto es algo que no parecían entender dos agentes de la Guardia Nacional Republicana (GNR) cuando, tras casi media hora buscando el puesto en el que se encontraban los animales, les puse al tanto de la situación.

Los dos guardias se miraron extrañados el uno al otro, con cara de circunstancias, ante mis preguntas. Su expresión de duda hablaba por si sola. No tenían ni idea de lo que era un Pica-pau-malhado-grande, nombre que recibe este Pícido en el país luso. Tuve que repetírselo un par de veces, añadiendo que el comercio de aves silvestres no estaba permitido al otro lado de "A Raia". No pude evitar sonreír mientras les explicaba... ¿Cómo es posible que no supieran nada?

Me comentaron que si estaban allí era porque podían estar; que se realizan numerosas inspecciones para evitar este tipo de casos, tanto sobre los animales como sobre el resto de productos expuestos en el mercadillo, uno de los mayores de la región norte. Razón de más para efectuar controles eficaces.

No quise insistir. No iba a conseguir absolutamente nada. Pocos minutos después, les di las gracias y nos despedimos.

Los picapinos en su jaula. //El Naturalista Cojo

Lo único que podía hacer era observar a los pobres pájaros a través de los barrotes de su pequeña jaula, cuyo único elemento familiar para ellos era una gran rama que uno de los carpinteros, el más nervioso, no dejaba de picotear. Era la hembra. Me producía enorme tristeza comprobar como con cada movimiento en el interior de su prisión de metal, seguramente intentando hallar una vía de escape, su plumaje se deterioraba más y más... El macho, aparentemente más tranquilo, apenas se movía. Podía compartir su sufrimiento... Los comentarios de la gente, incluidas familias con niños, acabaron por desmoralizarme.

750 Euros. 375 cada uno. Ese era su precio. El precio de unas criaturas nacidas para ser libres. ¿Dónde está la belleza de un ave condenada al cautiverio? Jamás lo entenderé...

La legislación portuguesa establece ciertas excepciones cuando se trata de especies cinegéticas o criadas en cautividad. No parece ser el caso del Dendrocopos major... Y aunque lo fuera, el propietario deberá acreditar su origen presentando los permisos oportunos. De lo contrario, podría incurrir en un supuesto delito contra la fauna.

Varios compañeros en Galicia hemos denunciado estos hechos. Esperemos que se investiguen. Os mantendremos informados.

**Según datos del Serviço de Proteção da Natureza e do Ambiente (SEPNA), alrededor de 130.000 aves silvestres son capturadas ilegalmente cada año en Portugal. La captura de aves silvestres es un crimen castigado por ley. ¡Denuncia cualquier situación ilegal! Linha SOS Ambiente e Territorio 808 200 520 (Todas las denuncias son anónimas)

lunes, 5 de febrero de 2018

Caza del zorro en Forcarei: una visión personal

Forcarei se convirtió el pasado fin de semana en la capital de la muerte y la vergüenza más absoluta. De nada sirvieron una movilización sin precedentes en este tipo de eventos, las reiteradas peticiones de paralización, ni el traslado de la indignación ciudadana a las más altas instituciones políticas. Una vez más, todas las miradas estaban puestas en Galicia.

Tal y como estaba previsto, un nutrido grupo de defensores de los animales, entre los que me contaba, madrugamos con la intención de boicotear la celebración de la IX Copa de España de Caza del Zorro, prevista para el día 3 en algún punto no revelado entre los Ayuntamientos de Cerdedo-Cotobade, Campo Lameiro, A Estrada y Forcarei. Finalmente, fue este último el elegido por los organizadores para acoger la prueba cinegética.

Eran las 4:00 h. de la madrugada del sábado cuando decidí ponerme en marcha. Casi sin dormir, yo y mis compañeros nos echamos a la carretera en mitad de la noche con una clara misión: seguir a los cazadores hasta el lugar donde se llevaría a cabo la gran matanza. No fue tarea fácil... Era como buscar una aguja en un pajar. Tendríamos que confiar en la suerte para cruzarnos en el camino con algún todoterreno o cualquier otro coche con remolque para perros de caza.

A las 7:15 h. de la mañana, recibo una llamada. Al otro lado del teléfono mi compañero y amigo Miguel Lourido me comunica que varios vehículos fueron vistos circulando en dirección noroeste, hacia Forcarei. Sin perder un segundo, fuimos tras ellos...

Cazador seguido a poca distancia por uno de los activistas. //Agencia ATLAS

Diez minutos antes de entrar en el pueblo, a las 8:00 h, me vi sorprendido por un importante despliegue policial. A ambos lados de la calzada, varias patrullas de la guardia civil, acompañadas de cazadores y sus perros, charlaban animadamente en torno a un bar de la zona. Desde el primer momento me llamó poderosamente la atención la buena camaradería que había entre agentes de policía y cazadores. Resultaba cuanto menos sintomático... Sin darle mayor importancia, después de echar un vistazo, continué avanzando.

A las 8:30 h. pude reunirme por fin con mis compañeros. Un total de entre 30 y 40 activistas, aproximadamente. Personas a título individual ―como en mi caso― y representantes de diversos colectivos de defensa de los animales (no sólo de PACMA, como nos han querido vender desde la inmensa mayoría de los medios de comunicación). Un puñado de personas frente a más de 200 cazadores repartidos en una veintena de cuadrillas. Las escopetas y la ley que las ampara contra los petardos, las vocinas y los silbatos. Una batalla desigual... Yo mismo pude ver alguna de las "armas" que portaban mis amigos en los instantes previos a la batida. No pude evitar esbozar una sonrisa al ver a uno de ellos ataviado con una pandereta...

Había una calma tensa, un silencio extraño, sólo roto por los ladridos de las rehalas de beagles, grifones y sabuesos. Eran momentos de preparativos, de las últimas instrucciones en ambos bandos antes de echarse al monte. Los periodistas, mientras tanto, documentaban todo lo que iba ocurriendo. Minutos después. sobre las nueve menos cuarto de la mañana, las calles se quedaron desiertas. Las cuadrillas se dispersaron, y los activistas tras ellos...

Ante la imposibilidad de acompañarles, yo me quedé esperando su regreso dentro de mi coche. Caía una lluvia fina pero persistente. La visibilidad no era buena. Me preguntaba hasta que punto esta circunstancia reduciría el éxito de la caza. Es más... ¿Estaría permitido cazar en esas condiciones?

Bolsas opacas ocultaban los cadáveres de los zorros. //ROBER AMADO

Pero mi cabeza estaba puesta en ellos... En los pobres zorros que en ese mismo instante estaban siendo asesinados. En los raposos que iban a morir o en los que huían aterrorizados del ruido y los perros. No podía dejar de pensar en las horribles escenas que se estaban viviendo a pocos kilómetros de donde me encontraba.

Tratando de evadirme de todo aquello, me entretuve observando y fotografiando la increíble variedad de pajarillos que correteaban entre los viejos robles de las calle principal: trepador azul, carbonero garrapinos, carbonero común, herrerillo capuchino, herrerillo común, agateador, arrendajo, petirrojo, mirlo... Sin duda imágenes mucho más amables que las que todos hemos visto en los últimos días en Dozón y Forcarei.

A pocos metros de allí, la policía parecía estar tomando posiciones en previsión de lo pudiera suceder a la vuelta de cazadores y animalistas... Varios agentes pasaron cerca de mi. Bajé la ventanilla del coche y les pregunté si sabían donde tendría lugar la entrega de premios a los participantes. Uno de ellos me respondió literalmente, "non teño nin idea"... Sabía que no era así, que me estaba mintiendo. Que estaban jugando al despiste conmigo. Quiero pensar que tendrían órdenes de hacerlo para evitar confrontaciones y garantizar la seguridad de todos. Pero es evidente que no decía la verdad.

12:15 del mediodía. Los primeros coches empiezan a llegar. El primero en hacerlo es precisamente Miguel Lourido con dos compañeros más. Sonrientes, saludan y me cuentan sus impresiones. Están agotados pero contentos. La cuadrilla que seguían no ha conseguido abatir ningún zorro. No ha sido la única... Otro grupo me cuenta que varios equipos se han ido con las manos vacías ante el acoso pacífico de los voluntarios. Me tranquiliza escucharlo. Quizá no hayan logrado matar ni un sólo raposo en toda la jornada... Una jornada que se han desarrollado sin incidentes, e incluso entre bromas y vaciles sanos entre unos y otros, como me enseña otro de los jóvenes activistas a través de vídeos grabados con su propio teléfono móvil durante la acción de boicot.

Defensores de los animales protestan ante la prueba. //CRIS. M. V.

Pero era el momento de enfrentarse a la realidad más cruda. Se nos echaba el tiempo encima. Eran las 14:30 h, así que decidimos bajar al pabellón en el que iban a ser exhibidos los cadáveres de los animales y entregados los premios a sus verdugos. Un amplio dispositivo policial custodiaba la entrada al recinto deportivo ―restringida para nosotros, por cierto― mientras otros contenían a los primeros animalistas que se habían acercado a protestar. Nada más llegar, pudimos ver a cierta distancia como los cazadores iban metiendo bolsas negras con los cadáveres de los zorros en el interior del pabellón. Imagen que, evidentemente, querían ocultar a toda costa.

Miguel y yo pasamos entre la multitud agolpada en aquella zona. Nos sentimos observados con desprecio, como por encima del hombro, entre risas y comentarios seguramente no muy cariñosos. Una sensación que nos acompañó desde el mismo instante en que pisamos Forcarei. Aquí no somos bienvenidos... A pesar de todo, llegamos hasta donde estaban situados nuestros compañeros, detrás de una cinta de balizamiento y separados un centenar de metros del puesto de control. Juntos tratamos de mostrar nuestra más enérgica repulsa hacia un campeonato que no tiene nada de limpio y deportivo.

Una masacre disfrazada de control de población y pagada con dinero público... Lo cierto es que no hay ni un sólo estudio científico que avale y justifique esta locura. No lo necesitamos... No hay que ser muy listo para darse cuenta de que lo único que mueve a los impulsores de estos campeonatos de caza es el placer de matar. Cuantos más zorros, mejor. Al fin y al cabo, en eso consiste un campeonato, ¿no? Todos quieren la copa manchada con la sangre de animales inocentes...