jueves, 28 de abril de 2016

¿Grillo, topo o alacrán?

No todo van a ser aves en El Naturalista Cojo. No sólo mamíferos tan bonitos como la nutria tendrán cabida en este blog. No me limitaré únicamente a publicar entradas dedicadas a animales con pelo, plumas, voz aflautada y aspecto agradable.

El mundo de los insectos, a menudo desconocido y repudiado, también estará representado en esta especie de cuaderno de campo virtual que poco a poco va tomando cuerpo.

Extraños seres de seis patas, invertebrados acorazados, los insectos ―por desgracia― no gozan de gran consideración por parte de la sociedad en general. Son feos, destrozan nuestras cosechas y algunos de ellos pican. Y sin embargo, sin su existencia no sería posible la vida en la Tierra.

La belleza de estos "bichos" está en el interior. Pero el hombre se deja llevar por las apariencias. Consecuencia de esta visión superficial son mitos, leyendas y creencias que rara vez se corresponden con la realidad.

Se dice del grillotopo o alacrán cebollero (Gryllotalpa gryllotalpa) que es venenoso y que incluso puede llegar a provocar la muerte. En la Galicia profunda ―y no tan profunda― todavía se confunde al ceboleiro con los verdaderos alacranes o escorpiones. Lo cierto es que se trata de un animal inofensivo que se deja coger con facilidad.

Grillotopo fotografiado en el estuario del Miño

Pero, ¿en qué quedamos? ¿Es un grillo, un topo o un alacrán? Bien, vamos por partes, como dijo Jack el Destripador:

  1. Si preguntáramos a un taxonomista, este nos diría que como perteneciente al orden de los ortópteros, el grillotopo está emparentado con grillos, saltamontes y langostas.
  2. En cambio, si reparamos en sus extraordinarias cualidades para la excavación y la vida subterránea (cuerpo fusiforme, potentes patas delanteras en forma de pala, visión escasa o nula...) entenderemos perfectamente el parecido con sus homónimos mamíferos.
  3. Por otro lado, si le echamos un poco de fantasía e imaginación, tendremos al "alacrán" de las leyendas y la cultura popular...

No sé vosotros, pero yo soy más de ciencia, así que me inclino por la primera de las opciónes.

El área de distribución del grillotopo comprende la práctica totalidad del continente europeo, suroeste de Asia y el norte de África.

El alacrán cebollero está perfectamente adaptado a la vida subterránea

De hábitos nocturnos, rara vez abandona las galerías que le sirven de refugio, por lo que son extremadamente difíciles de ver.

En ellas realiza la puesta, de entre 200 y 300 huevos. Se da la circunstancia de que la hembra vigila con celo el desarrollo de su descendencia hasta un mes después de su llegada al mundo, al final del verano. Un motivo más para empezar a valorar a este especie como se merece.

El futuro del alacrán cebollero es tan oscuro como el mundo en el que vive. Eliminado de muchas zonas por el uso y abuso de pesticidas, allí donde todavía aguanta la presión humana es realmente escaso.

Pero el agricultor debe saber que tiene en el grillotopo un gran aliado contra numerosos insectos y otros invertebrados perjudiciales para sus intereses, más allá de los daños que a veces ocasiona en los cultivos.

Con la publicación de este artículo espero haber contribuido a enterrar para siempre algunos prejuicios. Las imágenes que lo ilustran fueron tomadas el pasado domingo en el estuario del Miño, cuando por segundo o tercera vez en 29 años pude observar y fotografiar a esta increíble criatura.

jueves, 21 de abril de 2016

Caza versus Respeto

Tirando un poco de archivo, recupero el relato de un episodio que se repite con demasiada frecuencia cada vez que el sonido de un disparo marca el inicio de una nueva jornada de caza. Un episodio del que yo sería protagonista involuntario. El pasado día 1 de noviembre de 2015 ocurría esto:
Domingo. Día de batida en las inmediaciones del Estuario del Miño. Un cazador apostado con su hijo en el límite entre el monte, en el que se ha internado la cuadrilla, y el camino asfaltado, por el que acostumbran a pasear los vecinos de A Guarda en bicicleta, con su perro o en grupo, con amigos...  
Me acerco a curiosear, cuando mi avance se ve rápidamente interrumpido por dos disparos cercanos, muy cercanos. Tanto, que el fuerte estruendo de los tiros hace que dé un pequeño bote en mi silla de ruedas. En ese preciso instante, una familia al completo, niños incluidos, pasa a la altura del lugar donde todo ocurre. Sobresaltados, seguramente asustados, detienen su marcha. Miran a izquierda y derecha con incredulidad, como esperando un desenlace. Y no es hasta pasados unos segundos cuando deciden reemprender la caminata.  
Prosigo mi avance tranquilamente hasta situarme en el lugar de la acción. Allí están ellos... El padre, escopeta en mano, y su pupilo. Esperan. Pero, ¿qué esperan exactamente? Ambos se introducen en varias ocasiones en la espesura del bosque para emerger de nuevo a los pocos minutos. Tras una de sus incursiones, el chaval, que según mis cálculos no debe superar los doce años de edad, asoma con dos escopetas, una en cada hombro. Observo disimuladamente la escena, alucinado.  
Aparece una nueva cuadrilla en 4x4, y dos rehalas de perros hacinados en sus jaulas de transporte. Después, más cazadores armados, equipados con walkies y ataviados con chalecos de llamativos colores. ¿Habrá caído el jabalí?  
Saludo a un par de amigos, y comento con ellos lo sucedido. Uno opina: "Si por mi fuera yo erradicaría esto. Es una pena que le enseñen esto a los chavales". El otro, niega con la cabeza mientras manifiesta su rechazo a voz en grito: "¡Andan estes por aquí a tiros por onde pasea a xente!". Yo asiento con la cabeza, sonriendo, entre la ironía y la resignación... "É o que hai", respondo.  
Sin tiempo para más, me alejo con la esperanza de que ningún animal haya resultado herido por la bala y el plomo. Este es el ambiente que se respira todos los jueves, domingos y festivos del 18 de octubre al 6 de enero. Dos maneras antagónicas e incompatibles de disfrutar de la naturaleza... Esperpéntico.
Cartel informando a los usuarios de los montes de O Rosal del calendario
hábil de caza para la temporada 2015/16

viernes, 15 de abril de 2016

El pequeño rey de cabello de fuego

Observando y fotografiando al diminuto reyezuelo en el concello de O Rosal (Pontevedra), recordaba yo una hermosa leyenda que explicaría porqué los individuos de esta especie lucen en su píleo una llamativa "corona", anaranjada en el caso de los machos, y amarillenta en el de las hembras. La leyenda, de origen griego, dice así:
Según una antigua leyenda, los pájaros se reunieron en una magna asamblea para elegir al que había de ser su rey. Tras largas y complicadas deliberaciones, acordaron que aquel que volara más alto sería su monarca.
A la señal convenida todos se lanzaron al cielo. Partían raudos los vencejos, se remontaban los buitres... Muy pronto se difuminaron los mejores voladores en la pureza del azul. Gradualmente se fueron decantando posiciones, pero el águila real ascendía segura, más y más. Lentamente incrementaba su ventaja sobre los otros competidores, y con ella, la del minúsculo reyezuelo, que, amparado en su pequeño tamaño, viajaba sobre el águila. 
Así pues, el Dios Sol coronó al reyezuelo como soberano de las aves estampando en su cabeza un rayo solar. Desde aquel momento lucen los reyezuelos sus doradas crestas, símbolos de su condición.
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) a orillas del río Tamuxe, en O Rosal

Según podemos leer en la Enciclopedia virtual de los vertebrados españoles del Museo Nacional de Ciencias Naturales, "ya en el siglo VII a. de C. al reyezuelo listado se le consideraba rey, pues como tal aparece en una de las fábulas de Esopo (Pollard, 1977). En la cultura tradicional europea, en numerosas ocasiones el chochín (Troglodytes troglodytes) ha sido definido como ese pequeño ave que salió de las plumas del águila, y por tanto, como el rey de las aves; aunque parece que el ave original de la leyenda debiera ser una de las especies del género Regulus (Cook, 1914); ya que la leyenda califica al más pequeño de los paseriformes como el rey de las aves (Cooker y Mabey, 2005)".

Efectivamente, este duendecillo de 6 gramos de peso está considerado como el ave más pequeña de Europa. Sin embargo, existen discrepancias al respecto, y otros apuntan hacia el chochín como el pájaro más menudo de nuestra ornitofauna.

En cualquier caso, me atrevo a asegurar sin miedo a equivocarme, que el reyezuelo listado es una de las criaturas más bellas del viejo continente.

lunes, 11 de abril de 2016

Cruzabicos en el Parque Natural Monte Aloia

El tono rojizo de su plumaje parece brillar bajo los rayos del sol. Es un individuo solitario. En este caso, un macho. Un precioso macho de piquituerto común (Loxia curvirostra). Desde lo más alto de un pino silvestre domina su mundo, una superficie boscosa bastante antropizada. Sorprendido por el descubrimiento, apenas tengo tiempo de observarlo unos segundos con los prismáticos antes de ver como desaparece de nuevo entre las sombras.

Enfadado conmigo mismo por no haber sacado la cámara a tiempo, maldije en voz baja. Habría sido una buena foto, pensé, todavía disgustado por lo ocurrido. Resignado, creyendo haber perdido la primera y la única oportunidad que tendría de fotografiarlo, me dispuse a iniciar una larga tarde de pajareo apostado en aquel lugar...

Estoy en el Parque Natural Monte Aloia. Un espacio tan desconocido como poco valorado. Quizá lo segundo sea consecuencia directa de lo primero...

Aspecto del paisaje que me rodeaba, en el Parque Natural Monte Aloia

Invitado por César a probar suerte con el cruzabicos, al que había visto y fotografiado el día anterior, no pude negarme a aceptar. A las cinco en punto de la tarde, me presenté en el centro de visitantes, donde este me recibió de manera cordial. Él fue quien me guió hasta las aves. Sin las precisas indicaciones que me dio, jamás hubiera dado con ellas.

Manuel, Natalia y el propio César ponen todo su empeño en dar a conocer las bondades de este monte con tanta historia y prehistoria. Grandes profesionales y mejores personas, además de buenos amigos, forman parte del equipo de monitores especializados en educación ambiental de Babadiva. Con ellos viví una jornada inolvidable.

Pasan los minutos... El calor inicial va dejando paso a un frío insoportable. Me había dejado la chaqueta en el coche, aparcado a varios metros de distancia. Pero no quería perderme nada, así que tuve que aguantar como pude.

Entretanto, trataba de agudizar los sentidos al máximo para poder interpretar todo lo que estaba viendo y escuchando: la librea inconfundible de una abubilla que pasó volando por encima de mi; la voz áspera y estridente del gaio de bosque, el arrendajo, amplificada por la cobertura forestal; las idas y venidas de un pequeño petirrojo en busca de alimento; los agudos silbidos de un grupo de carboneros garrapinos; el canto repetitivo y chirriante del reyezuelo listado, perfectamente reconocible; el sobrecogedor "maullido" del busardo ratonero, verdadero paradigma de lo salvaje...

Herrerillo capuchino, habitante típico de bosques de coníferas

La paz era total y absoluta. Sin embargo estaba empezando a impacientarme. Había llegado hasta aquí con la esperanza de ver alguna especie nueva. Alguna especie que no figurara todavía en mi lista personal. Y el fugaz encuentro con aquel macho de 'piqui' me dejó un sabor agridulce. ¡Quería más!

De pronto, un golpe seco a mis espaldas me hizo dirigir la mirada hacia la arboleda que tenía justo detrás. Era una bandada de herrerillos capuchinos, uno de los paseriformes más bonitos de toda la ornitofauna ibérica. Fácil de identificar gracias a la característica cresta de plumas blancas y negras que adorna su cabeza.

Disfruté un buen rato de sus andanzas por las ramas. Ensimismado en su contemplación, no reparé en algo que calló desde lo alto de uno de los árboles, produciendo un sonido idéntico al que había oído momentos antes. Si supiera que el responsable de aquellos topetazos era el pájaro que estaba buscando, el piquituerto, no hubiera mostrado la misma indiferencia.

No tardaron en aparecer ante la lente de mis binoculares. Otra vez un único individuo. Otra vez un macho. Otra vez posado en la copa de un Pinus sylvestris. Poco después ya eran dos. Temblando de frío y de emoción, logré captar imágenes increíbles.

Grupo de caballos salvajes en el Parque Natural Monte Aloia

Pude comprobar que la destreza de su pico es perfectamente comparable a la de loros y cotorras. Merced a su peculiar disposición en forma de tijera, consigue extraer fácilmente los piñones que constituyen la base de su alimentación. En ocasiones arranca directamente la piña y la lanza contra el suelo, favoreciendo de este modo la dispersión de las semillas.

Comuniqué entusiasmado el hallazgo a César ―que estaba trabajando más abajo―, y este avisó a Manu, que subió lo más rápido posible para no perderse el espectáculo. Cuando llegó aún quedaba algún ejemplar, entre ellos una hembra, de colores mucho más discretos y apagados. Pero la luz ya no invitaba a continuar.

Nos saludamos y juntos comentamos lo sucedido. Intercambiamos impresiones y pasamos un buen rato charlando animadamente. Antes de despedirnos, Manu se tomó la molestia de recoger para mi una pequeña piña con varios cortes en sus escamas. Marcas producidas, sin duda ninguna, por el pico fuerte y robusto de nuestro protagonista. Quise llevármela de recuerdo.

Por fin me fui, eso si, con la promesa de volver muy pronto. Y con la sensación de que este monte olvidado me dará muchas alegrías. Esto es sólo el principio.

Aquí os dejo algunas fotos y vídeos de los cruzabicos. No os olvidéis de hacer clic en las imágenes para verlas a tamaño original:







lunes, 4 de abril de 2016

La foto más buscada

Este es el relato del macking off de una foto. Una foto con la que llevaba soñando mucho tiempo...
(haz clic en las imágenes para ver a tamaño original)
"Faltaban poco más de 10 minutos para las seis de la tarde. Las condiciones eran perfectas para fotografiarla: día claro, marea alta... Además, sabía que volvería. La había visto minutos antes sobrevolando su cazadero favorito. Desde allí esperaría su regreso. De pronto, una silueta recortada en el horizonte. Era ella, el águila pescadora. Y venía hacia mi. A medida que se acercaba a mi posición, su figura se iba haciendo más y más grande. Hasta que por fin, debió considerar que era el momento de lanzar el ataque. Tras súbita sacudida de sus alas, ejecuta un vertiginoso picado que acaba en captura. Pero aquí, llega la fase más crítica de todo el proceso. La rapaz debe colocar al pez, que luchará por liberarse hasta el final, de tal manera que su posterior transporte resulte cómodo y sencillo. Completamente empapada, con medio cuerpo sumergido bajo el agua, la reina de la marisma trata de sujetar a su presa con firmeza. Esta circunstancia me permite ganar unos segundos vitales para preparar el "disparo". Los nervios se apoderan de mi. Mi pulso se acelera. No puedo fallar. Un potente aleteo, y el ave se eleva... ¡Ahora!"