jueves, 22 de junio de 2017

Memorias de la montaña Cantábrica

Ocho horas dan para mucho en lo más profundo y salvaje de la montaña asturiana. Ese era el tiempo del que disponía para disfrutar del Parque Natural Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, uno de esos (pocos) espacios protegidos en los que todavía es posible imaginar como era la vida en la naturaleza antes de que las alteraciones provocadas por el hombre se hicieran demasiado evidentes: un complejo y completo puzzle en el que todas las piezas encajaban a la perfección.

Oso, lobo, urogallo, gato montés... Lo más granado de la fauna ibérica se da cita en la Coordillera Cantábrica. Da la casualidad de que, pocos días antes de mi visita, el 15 de abril, tuve la ocasión de ver 'Cantábrico' en cines, la película documental que descubre los secretos de esta impresionante muralla que corre paralela al mar que le da su nombre. Era el momento de vivirla, de sentirla... Era el momento de traspasar la gran pantalla y conocer a los protagonistas del film.

Mi guía en esta aventura fue César Blanco Árias, al que nunca podré agradecer lo suficiente el trato recibido. Él se encargó personalmente de organizarlo todo. Desde convencerme con machacona insistencia de que le acompañara en aquel viaje, hasta planificar la jornada de manera que resultase completa y provechosa.


El tiempo acompañaba. La ilusión y las ganas, también. Después de establecer un primer contacto con el paisaje y el paisanaje de la zona, a media tarde iniciamos una penosa ascensión de kilómetro y medio aproximadamente a través de la pista que sube hacia el mirador en el que haríamos la espera. Allí pasaríamos las próximas cuatro horas...

Grandes y afiladas piedras amenazaban con rajar las ya de por sí gastadas cubiertas de mi silla de ruedas. El avance era necesariamente lento. Muy lento... No recuerdo haber atravesado nunca un camino tan impracticable. Pero esta circunstancia no desanimó a mi amigo César, que sudó la camiseta empujando con todas sus fuerzas. Entre pausa y pausa para descansar, admirábamos el precioso hayedo que nos rodeaba. Un bosque de cuento... Después, sacar frenos, y a seguir...

Tardamos más de una hora en alcanzar nuestro objetivo. Estábamos verdaderamente agotados... ¿Merecería la pena tanto esfuerzo? Arriba nos aguardaba un grupo de unas veinte personas equipadas con buenos prismáticos, caras cámaras y grandes teleobjetivos. Juntos, compartiríamos una experiencia difícil de olvidar. Pero dejémonos de palabras, y demos paso a las emociones... (Ver vídeo 'Memorias de la montaña Cantábrica')